MAESO, María Ángeles

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MAESO, María Ángeles

Biografía

Nace en Valdanzo (Soria) en 1955. Licenciada en Filología Hispánica. Ha ejercido la crítica literaria para diversos medios (Reseña, Turia, Cuadernos del Matemático, etc). Ha formado parte de las tertulias radiofónicas del Círculo de Bellas Artes de Madrid y colaborado con el Instituto Cervantes, con artículos sobre lenguaje, en su página de Internet. En la actualidad es profesora de castellano para inmigrantes y trabaja en un equipo editorial elaborando materiales pedagógicos. Ha escrito narrativa, ensayo y poesía. Sus poemas han sido incluidos en numerosas antologías, tanto hispanoamericanas como hispano-portuguesas.

 

 

 

 

Obra

NARRATIVA

2004: Perro: o los bocados de la calandria.

2005: El cielo en un espejo.

2006: Los condes del No y No ( Infantil).

 

POESÍA

1990: Sin regreso.

1996: Trazado de la periferia.

2000: El bebedor de los arroyos.

2004: Vamos, vemos.

2008: Basura mundi.

2012: ¿Quién crees que eres yo?

2015: ¡Huy, qué miedo! (Poesía infantil-juvenil).

2017: Puentes de mimbre.

2017: Vamos, vemos/ Ni iras, vidas.

 

OTROS

1993: Cuadernos de educación para la solidaridad (Materiales pedagógicos).

1997: Notas para una definición de lo femenino en 'La canción de Marcela'.

1999: "La albada de Valderrodilla, último vestigio de los epitalamios griegos". 

2003: "Los adjetivos mercenarios". 

"Literatura y sociedad: Los temores de los poetas". Lección inaugural del curso académico 2004-05 de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla, publicada en la página de dicha universidad y en Especulo (revista digital de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense). 

 

 

Premios

1987: Premio María Teresa León de Cuentos por "La voz de la sirena".
1990: Premio Jorge Manrique de Poesía por Sin regreso.
2003: Premio León Felipe de Poesía por Vamos, vemos.

 

 

Poética

– Creo, con Marcuse, que el arte conserva la memoria de las cosas no alcanzadas, mediante una promesa de felicidad. Creo que entre esa memoria y esa promesa se sitúa la labor del poeta. Dos componentes que El Estado de la Satisfacción está aniquilando del ser humano, del que vive en este lado del mundo, que no es el único.

– Tiendo por ello a creer que el valor de la poesía no es el de un ser un instrumento del pensamiento, sino más bien el de ser un método para restaurar la percepción sensorial del mundo.

– La literatura nace en soledad y debe ser recibida en silencio, porque va directa a la soledad del lector. O no va. Ese silencio y no el verbo es lo primero.

– No conozco otra forma de poner un dique a la locura. Escribir tiene mucho que ver con un modo de resistencia, con un negarse a aceptar la pérdida del sentido que nos acosa.

– Luego, el poema, como cualquier otra forma de literatura, resultará también un discurso ideológico; la expresión de una manera intelectual y sentimental de concebir la realidad que, en absoluto será imparcial. También la poesía mantiene una relación dialógica con la realidad.

– Pero antes tendrá que ver más con lo sensible que con lo inteligible; antes será memoria y conflicto del dolor que se sabe orientado al gozo; la búsqueda de un lenguaje que sea una forma de placer; la expresión misma de esa promesa de felicidad
que conlleva el arte.

– Conviene ser humildes y no esperar de un poema lo que no somos capaces de esperar de nuestro escaso compromiso con la realidad.

 

 

Texto


El bebedor de los arroyos

Irse despidiendo en vivo de nosotros mismos, zanjando la
cuestión de un pálpito con kilómetros de por medio y no hacia abajo.
Así unas diez o doce veces y al grito de circulen circulen, no
quiero corros y mucho menos con los niños.
Hacia la mitad, si es noviembre y llueve, si muy mansamente y
para ti sola llueve,
pones un disco de jazz, pones un gato en el sofá, pones en agua la Santa Cena
y Las Completas de Lenin,
te asomas a la válvula mitral y te pones a mirar en el haber
del a-ver-a-ver averquéqueda.
Y eso es todo.

Más de uno se sacó los ojos.

(De El bebedor de los arroyos, Editorial Huerga y Fierro, Madrid, 2000).

 


Vamos, vemos

"primavera nuevamente"

La flor señala el crimen
con callado rubor
Blanca Varela

Hora a hora el suelo se está abriendo.
Lo saben la piel del alma y la de un zapato.
Lo saben en las afueras de Madrid y en Barcelona
y aquí, cada labrador lo sabe.

Vamos, vemos que obstinadas hierbas
y nervios diminutos,
entre un corazón de roca, abren su senda
Hora a hora, un insignificante tallo
se atreve cada marzo
a mirar de abajo arriba,
atraviesa el granito o el asfalto,
sortea la metralla, el peso del tractor
y el de las terribles miradas…

Simplemente asoma,
y en el aire deja su denuncia y su convocatoria.

Vamos, vemos que sucede a cada hora.

Sólo es el imperio quien desprecia cuanto ignora.

(De Vamos, vemos, Editorial Celya, Salamanca, 2004).

 

 

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