LOPEZ RUEDA, José

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LOPEZ RUEDA, José

Biografía

José López Rueda nació en Madrid en 1928. Es Doctor en Filosofía y Letras y Catedrático (jubilado) de la Universidad Simón Bolívar de Caracas. Ha sido profesor de la Universidad de Cuenca (Ecuador), de la Universidad de Oriente (Venezuela) y de la Universidad de Tamkang (Taiwán). Desde 1991 a 1999, fue Director del programa de la Universidad de Bowling Green (Ohio, U.S.A.) en España.

Entre sus libros de investigación, destacan Helenistas Españoles del siglo XVI (C.S.I.C., Madrid, 1973, tesis doctoral con Premio Extraordinario en la Universidad Complutense) y Rómulo Gallegos y España (Monte Ávila, Caracas, 1986, Premio «Andrés Bello» de la Universidad Simón Bolívar). Ha publicado varias novelas y seis poemarios. En el campo de la poesía, obtuvo el Premio «Alfonso Reyes» (Quito, Ecuador, 1958) y el «José Chacón» (Ayuntamiento de Alcalá de Henares, 1992). Ha sido Director del Capítulo de Madrid de la Academia Iberoamericana de Poesía y Presidente del Patronato de la Asociación Prometeo de Poesía. Algunos poemas suyos se han traducidos al chino, al italiano y al ruso.

Obra

NARRATIVA

Aldea 1936 (1958).
La flecha intempestiva. Novela corta (1960).
Hipoteca viviente. Novela corta (1961).
Cuentos a Segovia (2007). [ET. AL.]
La flecha intempestiva y otros relatos (2009).
Aldea 1936 (Segunda edición) (2011).
Cuentos para Toledo (2013).
Las experiencias psíquicas de un adolescente (2017).

POESÍA

Soledad y memoria (1958).
Testimonio de Sombra (1963).
Cantos equinocciales (1977).
Crónica del asedio (1983).
Cuaderno de Tamkang (1996).
Fervor Secreto (2002).

ENSAYO

Helenistas Españoles del Siglo XVI (1973).
Rómulo Gallegos y España (1986).
González de Salas: humanista barroco y editor de Quevedo (2003).

OTRAS

Artículos en revistas y periódicos.

Premios

1958: Primer premio. Mención Poesía. Concurso Nacional «Alfonso Reyes». Sociedad de Estudiantes Amigos de México. Quito. Ecuador.
1959: Primera Mención de Honor. Concurso Nacional de Poesía del diario «El Universo». Guayaquil. Ecuador.
1962: Séptima Mención de Honor del IV Concurso Nacional de Poesía del diario «El Universo». Guayaquil. Ecuador.
1970: Summa cum laude y Premio Extraordinario en el Doctorado. Universidad Complutense. Madrid.
1975: Diploma de Honor en reconocimiento a los servicios prestados durante diez años. Universidad de Oriente. Venezuela.
1986: Premio «Andrés Bello» de Investigación. Asociación de Profesores de la Universidad Simón Bolívar. Caracas.
1987: Orden 18 de Julio. Universidad Simón Bolívar. Caracas.
1992: Primer premio de Poesía. III Certamen Literario «José Chacón». Ayuntamiento de Alcalá de Henares. Madrid.
1994: Prometeo de Bronce. Asociación Prometeo de Poesía. Madrid.
2008: Primer Premio Juan Nieto (Cuevas Literarias de la Peña Rodense, Casa de Castilla La Mancha, Madrid).

Poética

La poesía del pasado me ha permitido adentrarme en el alma de las culturas antiguas. El género épico me ha proporcionado una visión de sus valores sociales, religiosos y filosóficos. En los poemas homéricos encuentro ese mundo helénico en ebullición que crearía un mundo fascinante llamado con razón el milagro griego. Para mí la Odisea ha sido siempre uno de mis libros de cabecera. En cuanto a Roma, he encontrado en Virgilio pasajes épicos de increíble inspiración y en la lírica de Horacio, poemas que están vivos en la actualidad y que luego han motivado a otros poetas. Pongo por ejemplo el texto horaciano del carpe diem. La lectura de los grandes poetas me ha proporcionado un conocimiento y una vivencia del espíritu humano más intensa y viva que la filosofía y la historia. Aunque tantas veces he frecuentado las Coplas de Jorge Manrique a la muerte de su padre, todavía no puedo lerlas sin emoción. A pesar de ser un asiduo y viejo lector de poesía, continúo heredando la tradición de nuestros clásicos antiguos y modernos y considero que esa herencia es esencial para los jóvenes poetas.
A lo largo de los ya muchos años consagrados a la poesía, veo que mis preocupaciones y mis técnicas han ido cambiando paralelamente con mi trayectoria vital. Como otros poetas de mi generación, la de 1950, mis temas han sido siempre existenciales. Recordando ahora mi obra, creo que, por lo general, es un eco de la experiencia que me ha tocado vivir. En mis dos primeros libros está condensada la problemática de un joven que escribe en un tiempo de penuria, para decirlo con las conocidas palabras de Hölderlin. Luego vinieron diez años de rigurosa disciplina métrica, cuando los versos y estrofas clásicas se llevaban muy poco. El encuentro con mi destino suramericano, que había de durar más de treinta años, determina las nuevas visiones y aparece el tema del exilio y la nostalgia. Un año y medio pasado en China confiere a mi poesía un cierto sabor oriental y empieza a seguir caminos más experimentalistas. Este proceso me ha llevado a un cierto surrealismo en algunos textos y al aprovechamiento de los sueños para producir lo que me gusta llamar poesía fantástica. A partir de 1990, se inicia en mi vida una etapa que abre nuevos caminos a mi obra. Casi diez años de contacto diario con estudiantes norteamericanos y dos semestres de residencia en Estados Unidos me proporcionan material para un poemario. Asímismo en esta época viajo mucho por España como director del programa de la Universidad de Bowling Green y de estos viajes culturales nace otro libro inédito que se titula Iberiada. Pero además de todo esto, debo añadir para terminar que la poesía ha sido siempre para mí una válvula de escape que me ha permitido hasta ahora evitar el psiquiatra.

 

Texto

 

DOMINGO DE RAMOS (1993)

Hace ya varios lustros
que el tiempo con su lima silenciosa
trabaja sin descanso y a destajo
en la demolición de mi osamenta.
Un día me erosiona las rodillas,
otro roe mis vértebras lumbares
y con una paciencia solapada
me mina los cimientos
y prepara la ruina
de mi torre de calcio y asadura.
Yo sigo caminando
con pies como pezuñas
de plomo, recorriendo las escasas
millas que me separan del desastre.
Ahora sí, de veras, me he quedado
sin el pegaso de las ilusiones
y a cualquiera le ofrezco
el reino de mi sangre y mis neuronas
por un caballo que me lleve a cuestas
al fin de la batalla
o más sencillamente, por un asno
que me brinde sus lomos
para entrar resignado
en mi Jerusalén inevitable.
Pues oigo ya a lo lejos las trompetas
de mi semana santa, me hacen señas
los movedizos ramos y vislumbro
mi Gólgota final, el ominoso
miércoles de ceniza.

(De Fervor Secreto, 2002)

 

 

 

 

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