LLAMAS, Enrique

Inicio/LLAMAS, Enrique

LLAMAS, Enrique

Biografía

Enrique Llamas nació en Zamora en 1989. Se trasladó a Madrid para estudiar Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid. La literatura entró en sus estudios cuando decidió cursar el Máster en Investigación Literaria. Tras completar su formación, trabajó en Radio Zamora (Cadena SER) y en Onda Cero Madrid, donde comenzaría a interesarse por la difusión de contenido cultural. Por ello, se especializó posteriormente en el mundo de comunicación de artes visuales.
Actualmente, Enrique Llamas colabora en diversos medios, como en , realizando entrevistas y escribiendo artículos de literatura y teatro. También coordina encuentros literarios ligados al ámbito universitario.

Su debut literario se produjo en 2018 con Los Caín, un thriller rural en el que habla de la maldad y de la Castilla de Delibes. Dos años después vería la luz su segunda novela, Todos estábamos vivos, una historia sobre las consecuencias del VIH y la heroína en los tiempos de la movida madrileña.

Obra

NARRATIVA

Los Caín (2018)
Todos estábamos vivos (2020)

Premios

2018: Premio Memorial Silverio Cañada 2018 al Mejor Debut de Novela Negra.

Poética

“¿Cuándo supe que escribiría? No lo sé, de una forma u otra lo llevas dentro. Para mí la escritura es una forma de entender la realidad, de explicarte a ti mismo lo que de otra manera no tendría sentido. Escribir es rellenar huecos con la imaginación, es una forma de pensar, igual que hay personas con memoria fotográfica o pensamiento numérico… Está ahí. Si tuviera que concretar podría ponerte de ejemplo una de mis primeras lecturas fundacionales: «Caperucita en Manhattan», de Carmen Martín Gaite; la leí con nueve años y fue una de las primeras veces que pensé: «Esto lo querría haber escrito yo». En esa frase está quizá el momento fundacional del escritor y, afortunadamente, se repite de cuando en cuando en mi recorrido como lector.”

Texto

Nadie supo nunca que aquella primera noche la tumba de Arcadio Cuervo quedó mal cerrada. Y nadie, ni siquiera sus hijas, supo que siempre habría de estarlo porque en la tarde del entierro ya anochecía, y la cerraron deprisa y a ciegas. No sirvió de nada que al día siguiente, cuando la mañana apenas clareaba, la persona encargada intentase sellarla con la tranquilidad de quien sabe que, entre los vivos, los muertos solo dejan herencias.

El entierro de Cuervo fue uno de los muchos al que la mitad del pueblo acudió solamente en cuerpo. No había viuda, y sus hijas adolescentes se hicieron cargo de todas las premuras con las que dieron tierra al padre. El funeral por el alma de Arcadio escribió lo que a partir de ese momento empezarían a ser las costumbres de los vecinos durante los días de luto.

Fue Josefina, la mayor, quien instauró las pautas de aquellas situaciones en el nuevo Somino. La primera en sufrirlas fue su hermana Elvira. Tras ellos, todo el pueblo las asumió con la inflexibilidad que imponen algunas leyes.

A las niñas, aun cuando estaban ya canosas, el pueblo las trató con la compasión de quien no quiere imaginarse sin padres, unos sentimientos que dejaron en ellas la sensación de que siempre las mirarían como se mira a los desamparados. Unas hijas en eterno abandono porque la madre había muerto 14 en el parto de la pequeña, y funeral y bautizo se celebraron en días consecutivos.)

(De Los Caín,  2018)

Subir