JUAREZ ORTIZ, Rafael

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JUAREZ ORTIZ, Rafael

Biografía

Nací en Estepa (Sevilla), el 18 de agosto de 1956. La Guerra Civil española había comenzado sólo veinte años antes y a la dictadura que resultó de ella le quedaban aún veinte años de poder. La guerra, a través de enfrentadas historias familiares y de persistencias sociales acalladas e ineludibles, ha sido parte esencial de mi vida.
En los años de mi niñez, España se modernizó económicamente. La agricultura y el mundo tradicional cedieron terreno a la incipiente industria, al turismo y a las nuevas costumbres. He sido monaguillo de misas en latín y he visto los últimos bueyes arando las tierras de mi familia, como he sido espectador de los primeros televisores y degradado seguidor de Bob Dylan. Vivíamos en una casa de la que todavía no conozco todas las habitaciones, y algunas ya no podré conocerlas.
Me he convencido de que comencé a escribir poesía durante la adolescencia, en Sevilla, después de leer la de Antonio Machado, poeta a cuya estela creo que pertenecen mis versos. Mis dos grandes aficiones, como las de don Antonio, son desde esa edad pasear y leer, y no puedo evitar la sensación de que mi vida se desdobló cuando en 1972 vine a estudiar a Granada, ciudad en la que habito.
Participé con fervor juvenil en la Transición política, social y cultural. Soy licenciado en Filología Hispánica, padre de un hijo y marido de la escritora Pilar Mañas. En dos ocasiones he sido becario de la Academia de España en Roma. Fui librero entre 1979 y 1992 y ahora trabajo como editor de las publicaciones de la Diputación de Granada. Hoy cumplo cuarenta y siete años, siempre entre dos bandos.

 

 

Obra

-POESÍA:

Otra casa (1986).
Las cosas naturales (1990).
Aulaga (1995).
La herida (1996).
Para siempre. Poemas 1978-1999 (2001).
Lo que vale una vida (2001).

 

Premios

1995: Premio El Tesorillo.

Poética

Mi poesía ha evolucionado desde la oscuridad expresiva y la imprecisión sentimental hacia la claridad y la búsqueda de lo universal como materia del poema. Quiero escribir poesía directa, destinada a formar y mantener una emoción que pueda ser revivida por cada lector. La poesía es una forma de decir y las formas anodinas a las que dan lugar los prejuicios contenidistas, aunque la métrica de cada verso sea correcta, resultan endebles como poemas. Una forma anodina, mecánica o simplemente torpe no aguanta dentro una emoción, si es que alguna vez la puso el autor cuando escribía, o no permite que el lector acceda a ella, equiparándose así a las formas vanas, narcisistas. Los poemas no son textos efímeros, sino que aspiran a perdurar en su literalidad, a alcanzar la comprensión del lector y a ser parte de su memoria.
Poco más puedo decir con alguna certeza; completaré estas palabras mencionando a tres de los autores que han determinado mi gusto literario y también mi imagen de lo que es ser poeta: Antonio Machado, sereno y fundamental; Blas de Otero, variado y conflictivo; y Francisco de Aldana, activo y secreto.

Texto

LO QUE VALE UNA VIDA

Estoy en esa edad en la que un hombre quiere
por encima de todo ser feliz, cada día.
Y al júbilo prefiere la callada alegría
y a la pasión que mata, la renuncia que hiere.

Vivir entre las cosas mientras que el tiempo pasa
-cada vez menos tiempo para las mismas cosas-
y elegir las que valen una vida: las rosas
y los libros de versos, y el viaje y la casa.

Hasta ahora he vivido perdido en el mañana
–seré, seré, decía-o en el pasado -he sido
o pude ser pensaba-y el mundo se me iba.

Ahora estoy en la edad en la que una ventana
es cualquier aventura, y un regalo el olvido.
Ya no quiero más luz que tu luz mientras viva.

(De Lo que vale una vida, Valencia, Pre-textos, 2001).

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