CARBALLO BLANCO, Amparo

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CARBALLO BLANCO, Amparo

Biografía

Amparo Carballo Blanco nace en Ponferrada, en 1955. Colabora en prensa local y provincial. Actualmente dirige Ediciones Hontanar.

Obra

-POESÍA:

Tiempos en la misma voz (1993).
Maleficio de Otoño (1996).
Aletheia (1998).
Sin otra luz y guía (1999).
Espejo de Alinde (2001).
La sombra de las palabras (2002).
La blanca orilla del olvido. Inédito.
Palabras extraviadas: metaforismos (2006).
Agua en remolino (2007).

La voz de los metales (2013).


– NARRATIVA:

Beberide (1980). Monografía sobre la vida y
obra del pintor villafranquino Norberto Beberide.
Los nombres impropios (2004). Narrativa infantil.
El sapo ambicioso (2005). Narrativa infantil.
Paragüito, (el paraguas enamorado de la lluvia de verano) (2005). Narrativa infantil.
El niño Gaspar quiso volar (2006). Narrativa infantil.
El vencejo piquito y el poeta (2007). Narrativa infantil.
Cuarenta mil palabras (2008).
El misterio de la torre del reloj (2009).
La Sonrisa del Barquillero (2010).

 

Premios

 

Poética

LA POESÍA es un mar misterioso que tiene diversas aguas y corrientes opuestas. Hay tantos estilos, modos y tonos como poetas. Admiro la deslumbrante facilidad de los más hábiles para hilar versos oscuros, barrocos, endemoniados, herméticos. Pero a mí no me gusta confundir los cohetes con la fiesta, el espectáculo con el sentimiento, la metáfora con la lentejuela. El tono poético que más me interesa no es el de la iluminación sorprendente o la retórica florida: Es el que hace desear el deseo y, despertando nuestro apetito cuanto más nos satisface, conserva vivas las sensaciones para habitarlas plenamente, dispersándose en el espacio de la sencilla confesión amistosa a través de una estética de la naturalidad, que no busca rarezas ni culteranismos sino la capacidad sentimental de las personas normales, como el propio poeta.

 

Texto


A MI PADRE NO LE GUSTABA EL MAR:
quizá temía que el mar tan grande
me dejase abandonada,
pequeña y rota en cualquier playa.

Mi padre nunca me llevó al mar.
No creía en el mar.

Pero me enseñó campos de tréboles,
recodos y caminos
donde crece la fresa silvestre,
la madreselva, los nomeolvides.

Mi padre nunca me llevó al mar.
No creía en el mar.

Pero me enseñó ríos pequeños,
agua de esperanza que corre
entre surcos ásperos
arrancando aromas a la tierra seca.

(De Aletheia, Instituto de Estudios Bercianos, 1998).

 

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