ALONSO BURGOS, Jesús

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ALONSO BURGOS, Jesús

Biografía

 

Jesús Alonso Burgos nació en Palencia en 1952. Licenciado en Derecho por la Universidad de Valladolid. Abogado. Desde 1978 reside en Cataluña. Ha trabajado como crítico literario, profesor de derecho y comentarista jurídico, y colaborado en diversos diarios y revistas españoles e iberoamericanos, tanto de literatura como de filosofía.
 

Obra

 

POESIA:

Inventario y poemas (edición definitiva 1979).
La estrategia del viaje (1980).
Navegaciones y naufragios (1987).
Escenas de la ciudad celeste (1995).
Dos poemas (1997).
Paraíso y exilio (2009).
Estrategias de la usura (2011).

ENSAYO:

El luteranismo en Castilla durante el siglo XVI (1983).
Formas simbólicas de lo religioso (1989).
La familia del Dr. Frankenstein. Materiales para una historia del hombre artificial (2008).
Blade Runner. Lo que Deckard no sabía (2011).
 

OTROS:

Viajeros en casa. Relatos de viajeros extranjeros por la provincia de Palencia durante los siglos XVIII y XIX, Separata de la Revista de la Institución Tello Téllez (1987).
Edición crítica de Figuras delincuentes y Figuras delincuentes en el Quijote, de Constancio Bernaldo de Quirós (2008)

 

 

Premios

Premio Internacional de Poesía San Juan de la Cruz, 2011.
Premio Ignotus de ensayo, 2012.

 

Poética

 

"Hagamos, pues, un pacto, alma mía: yo te llevaré a lo más escondido del bosque, a lo interior, al silencio de lo que está oculto, para que oigas el borboteo del agua y la música de los caramillos, para que el dios que está en ti despierte y dance desnudo junto a la fuente de donde mana el Ser, cuando un rayo de sol se filtre entre los grandes árboles e ilumine la umbría; yo te devolveré la risa. Y tú ya no llorarás más, alma mía, ya no habrá razón para tanta pérdida ni dejarás que la usura de los días se enseñoree".

(Sobre el que se adentra en el bosque, de Escenas de la ciudad celeste, Madrid, 1995)

 

Texto

 

Que el axis mundi señale el punto cero de la ciudad no quiere decir, empero, que en la ciudad no existan otros polos de atracción, otras plazas donde se ubican y congregan templos, parlamentos, juzgados o mercados. Existen, ciertamente, y cada uno de esos foros proyecta su fuerza y su idea de la ciudad: el dios originario siempre ha tolerado -necesitado incluso- otros idolillos menores y sus correspondientes cultos. Pero, evidentemente, todos esos espacios sociales están subordinados al centro; su liturgia y sus discursos, sus dioses y sus leyes, en cuanto parciales y particulares, en ningún caso pueden cuestionar el discurso global esencial que emana del centro y que sustenta y cohesiona la ciudad. Los discursos éticos o estéticos pueden ser muchos y muy diversos, pero, para que las murallas de la ciudad no se derrumben, sólo puede haber un discurso normativo. Al igual que en los tiempos del pseudologos (que era el logos místico del Evangelio de San Juan y el logos naturalista de la Teogonía de Hesiodo) la filosofía era sierva de la teología, ahora también la tecne impone su absoluto dominio.

(De La familia del Dr. Frankenstein. Materiales para una historia del hombre artificial, p. 31).


BELLA ES LA AGONIA

Bella es la agonía.
Y en el borde del agua brilla como haz de luz,
como gota
que alguna vez será idea o sombra.
Y bello es el rostro del que muere.
Y su muerte escribirá este poema,
sus ojos que se cierran en la noche
serán motivo de este poema.
Y así, cuando todo se acabe, cuando el dolor
sea sólo palabra
o jabalí que huye,
o viento helado sobre una montaña,
cuando al fin se cierre la puerta de la llave de plata,
entonces, como baba de niño
volverá a tu boca
lo que de ella salió:
la palabra que nunca dijiste,
el espacioso paso de los años malos
los malsines que te miraban hoscos,
el tiempo que se acababa sin saberlo.
La bella agonía del que se ahogaba.

(De Paraíso y Exilio, 2009).

 

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