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ABRIL, Juan Carlos


 

ABRIL, Juan Carlos

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Juan Carlos Abril nació el siete de enero de 1974 en Los Villares, provincia de Jaén. Licenciado en Filología Hispánica; Teoría de la Literatura y Literatura Comparada; y Filología Románica; actualmente prepara su tesis doctoral y es Becario de Investigación de FPU en el Departamento de Literatura Española de la Universidad de Granada. Ha residido dos años en Exeter, al sudoeste de Inglaterra. En 1996 consiguió el Premio Federico García Lorca con Un intruso nos somete, Granada, Universidad, 1997, reeditado en Castellón, Ellago, 2004; y en el año 2000 un accésit del Premio Adonáis con El laberinto azul, Madrid, Rialp, 2001; su tercer libro de poemas se titula Crisis, Valencia, Pre-Textos, 2007; y ha cuidado la edición de Copias rescatadas del natural, de José Manuel Caballero Bonald, Granada, Atrio, 2006. Ha traducido, junto a Stéphanie Ameri, obras de Pier Paolo Pasolini, Henri Michaux o Filippo Tommaso Marinetti. Forma parte de numerosas antologías, entre las que destacan 10 menos 30. La ruptura interior en la poesía de la experiencia, de Luis Antonio de Villena, Valencia, Pre-Textos, 1997; Yo es otro. Autorretratos de la nueva poesía, de Josep M. Rodríguez, Barcelona, DVD, 2001; o Veinticinco poetas españoles jóvenes, Madrid, Hiperión, 2003. También ha publicado crítica literaria y poemas en diversas revistas como La Estafeta del Viento, Litoral, El Maquinista de la Generación, Sibila, Revista Atlántica, Renacimiento, Clarín, Campo de Agramante, El fingidor, Texturas, Ultramar, Prima Littera, La página, La Poesía, Señor hidalgo, Cuadernos del Matemático, Númenor, Señales de humo, Istmo, Hélice, etc. Dirige asimismo la revista Paraíso.


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-POESÍA:

Un intruso nos somete (1997, 2004).
El laberinto azul (2001).
Crisis (2007).

-OTROS:

Edición de Copias rescatadas del natural, de José Manuel Caballero Bonald (2006), ensayo.
Traducción, introducción y notas de Los Indomables, de Filippo Tomasso Marinetti, en colaboración con Stéphanie Ameri (2007), novela.



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1996: Premio Federico García Lorca de Poesía de la Universidad de Granada.
2000: Accésit del Premio Adonáis.


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Últimamente considero que es mucho más importante el espacio que el tiempo en un poema, porque el espacio, de un modo u otro, abarca al tiempo, o quizá simplemente porque durante varias décadas la poesía de carácter temporal ha predominado sobre la espacial, o, incluso más, porque el tiempo es una de las determinaciones del logocentrismo monológico occidental que tanto detesto. No es una cuestión de forma sino de estructura, no una cuestión de semántica sino de sintaxis. Y esos bucles de la vida cotidiana, que son el lugar donde reside la poesía, lo que en realidad están creando son espacios paralelos, refugios donde resguardarse, claro, ya provistos de tiempo y de todas las coordenadas necesarias para formar el efecto de ilusión. Pero no siempre funciona, en este sentido, el efecto espacio-tiempo. En los sueños, sin llegar a ser surrealismo de lo que hablo, se ve claro: son espacios que conviven, y el tiempo, si acaso, es simultáneo, es una especie de no-tiempo. El eje cronotópico es un método estupendo para desenmascarar las coordenadas en las que se desenvuelve el antropocentrismo, en el que nos desenvolvemos, un paso importante en el análisis de nuestra sociedad, pero la verdadera ciencia es la topografía, y debemos mirar a través de los ojos de una estación total. La ciencia, sin embargo, también es insuficiente para explicar la poesía. La ciencia es sólo una aproximación al contenido, la poesía su continente.
Para entender esos trasvases de lo cotidiano a nuestro mundo personal y subjetivo sólo podemos recurrir a un proceso de racionalización profundo en el que se pongan en juego esos mismos mecanismos de racionalización, es decir las herramientas con las que trabajamos. Cuestionar nuestro método. No contemplar a la abeja y a la flor como entidades diferentes y pertenecientes a diversos ámbitos, sino colegirlos unidos, alimentándose mutuamente. Y el día a día pone en contacto estructuras mucho más complejas de lo que pensamos: nosotros mismos, nuestras relaciones sociales, la cultura... Así, la ironía, la comunicación intersubjetiva, el conocimiento intrasubjetivo y las necesidades expresivas, privadas o colectivas, hacen el resto. Un poeta debe indagar, creo, en su propia voz, no convertirse en alguien previsible. Un poema es un estado de ánimo, pero los estados de ánimo dependen de la historia. Los sentimientos también son históricos y asimismo nosotros somos seres históricos, seres sígnicos No sólo hay que tener en cuenta la poesía de la experiencia sino la experiencia de la poesía. La buena poesía no se debe a escuelas ni a corrientes ni a estilos.

(Mayo 2006 ? Juan Carlos Abril).



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ESPACIO

Llegas de cualquier sitio
y, elegido al azar,
sin mapas, sin señales,
el otro lado esconde la sorpresa
feliz y azul.
Entonces permanece la ruptura
intacta. Entonces fuera o dentro impide
su difusión.
El viaje trae un orden en cadena,
un movimiento ansioso que repite
su dispersa memoria:
ya nadie nos indica que el error
desconocido o su secreto
sirva robado y oprimido,
tiempo arenoso que se va.

Todo va a ser abandonado.

(De El laberinto azul, Madrid, Rialp, 2001, p. 35)

***


ESPACIO

Llegas a cualquier sitio
a través de un poema:
el mundo viaja solo, y tú también
en su infinita red de vanidades
te dejas arrastrar
por símbolos, deseos,
buscando su sabor
con recuerdos gastados.
No te canses. Tampoco insistas.
Para qué preocuparse.
Quien más quiere avanzar más retrocede
en este laberinto donde olvidas
el único color de los matices,
su frágil soledad difuminada,
y arrojas sus palabras al vacío
y al caos.
Nunca el caos, camino equivocado.

(De El laberinto azul, Madrid, Rialp, 2001, p. 53).


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Antologías:

VILLENA, Luis Antonio de (1997): 10 menos 30. La ruptura interior en la poesía de la experiencia, Valencia, Pre-Textos.

RODRÍGUEZ, Josep M. (2001): Yo es otro. Autorretratos de la nueva poesía, Barcelona, DVD.

G. GARCÍA, Ariadna; LÓPEZ GALLEGO, Guillermo; y TATO, Álvaro, coords. (2003): Veinticinco poetas españoles jóvenes, Madrid, Hiperión.

Artículos:

ABRIL, Juan Carlos (2003): «Poesía y compromiso», en José Manuel Mariscal y Carlos Pardo, eds., Hace falta estar ciego. Poéticas del compromiso para el siglo XXI, Madrid, Visor, 2003, pp. 25-29.

ABRIL, Juan Carlos (2004): «Somos el tiempo que nos queda, de J. M. Caballero Bonald», en Campo de Agramante, n. 4, otoño, Jérez de la Frontera, Fundación Caballero Bonald, 2004, pp. 105-117.



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