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FRÜHBECK MORENO, Carlos


 

FRÜHBECK MORENO, Carlos

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Carlos Frühbeck Moreno (Burgos, 1977). Diplomado en Óptica y Optometría y licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Granada. Profesor de Español para Extranjeros en países como China, Italia o Vietnam.


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-POESíA:
1994: Primera claridad, Aldecoa, Burgos, 1994;
2003: Retratos de alquiler, El Toro de Barro, Cuenca, 2003;
2006: Caballos, Provincia, León, 2006.

Velamen (2007)

-ENSAYO:

2003: Justo Alejo: Una escritura de vanguardia y compromiso.

-NARRATIVA

La ceguera de los ciervos (2009)


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2001: Premio Jorge Manrique, Valladolid.
2002: Premio Juan Alcaide, Valdepeñas.
2005: Premio Antonio González de Lama, León.

2007: Finalista del premio Adonáis de poesía.

2009: Finalista del premio Adonáis de poesía.

2010: Premio de Narrativa Miguel Delibes por La ceguera de los ciervos


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Por casualidades de la vida o por aburrimiento adolescente, empecé a escribir poesía a los 15 años, después de leer El bulto vestido de negro capuz de Patricio de la Escosura en la Antología de Sáinz de Robles. Ni Borges ni Cernuda. Escosurita, como le llamaban los amigotes. Vaya inicio. Recuerdo que me fascinó el ritmo, machacón como pocos, de aquellos versos. Mi primeros pinitos en el oficio se basaron solamente en imitar, con mayor o menor fortuna, el ritmo de los poemas que leía.
La obsesión por la música y sus posibilidades no me ha abandonado. Y no creo que me abandone nunca. Para ser poeta es necesario tener oído y saber educarlo. Sin embargo, la música no es todo.
Tuve un aprendizaje poético muy largo, lleno de lecturas abundantes, caóticas y mal asimiladas. En el fondo, creo que siempre estaré aprendiendo a escribir. Desde el muchacho que cree que ha descubierto América porque sabe hacer sonetos sin faltas de ortografía hasta servidor ha pasado mucho tiempo y las cosas seguirán cambiando.
Más allá de músicas y vanidades, veo la poesía como algo parecido a la ebanistería o la fontanería. Somos artesanos que juegan con las palabras, que son traidoras y poco manejables. Pero tampoco nos quedamos ahí: este trabajo tan poco agradecido también es una forma de conocerse a uno mismo. El indeseable que aparece por las líneas siempre tiene mucho que ver contigo. Y además es un cotilla.


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Caballos

Y sin embargo existe salvación.
Va más allá de los andenes tristes
de los trenes que huyen hacia el Norte.
Va más allá de las botellas rotas
de las colillas que han caído lentas.
sobre el parquet. Y quiero que tú sepas
que podré levantarme. Los caballos
se dejan las entrañas en los campos
hasta volver la hierba negra. Huele
a muerte y también a salvación.
Sé que podré escapar de estas paredes
y ver de nuevo el sol vertirse hermoso
sobre la sed de la ciudad. Abajo
ellos me esperan y sus brazos se abren
para acoger de nuevo al que es cobarde
y sin embargo sabe levantarse.
Los caballos recorren los caminos
hasta quebrar su espalda. Carne dura
que se funde de nuevo con la tierra.
Quiero llamarte desde el humo helado
que ahora enturbia mi mirada. Quiero
que sepas que yo aún estoy aquí
y quiero regresar y conocerte.
Los caballos se ahogan en silencio
y los ríos arrastran hasta el mar
sus cuerpos rotos y pesados. Sé
que aún podré salvarme. Me detengo
ante una puerta ciega. Sí, te estoy
llamando a gritos. Los caballos mueren
y queda luz ardiente en su mirada.
(De Caballos, Provincia, León, 2006.)

Las nubes

Apagarán las luces de tu cuarto,
no habrá paredes encaladas que te miren
como si fueran rostros compasivos.
Recorrerás las nuevas avenidas
con pasos largos y veloces. Una sombra
pasa y no mira atrás
mientras se empieza a despertar
la madrugada lenta del invierno.
No importará haber huido, haber perdido
una oportunidad para vivir.
No habrá rencor en tu mirada, será justo
lo que ha pasado con tu vida. Abres los ojos
y al fin descubres que es verdad,
que no te habían engañado, que tu tiempo
fue de verdad hermoso. Cae la noche
mientras las nubes se desplazan hacia el este.
(De Caballos, Provincia, León, 2006.)

Bosque

Te pierdes en las sendas de Diciembre:
carreteras, desvíos que conducen
al bosque que una vez quiso esperarte
y preguntó tu nombre y respondiste.
El musgo entre las piedras, las palabras
que perdieron su voz y su sentido.
La soledad podrida de los troncos
que consuelan su muerte con la helada.
La tierra estremecida por la escarcha
aún retiene el batir de tus pisadas
aún retiene el temblor de otros cabellos.
Me detendré. Sabré que habré perdido
algo por lo que quise haber luchado
Escucharé la voz quebrada y grave
de los robles vibrantes que se elevan
como una mano abierta hacia el invierno
y meditan por años su caída.
(De Caballos, Provincia, León, 2006.)

La galería

El túnel es estrecho. Con los dedos
descubro la humedad de las paredes
y su frío sediento. Chapoteo
andando sobre charcos invisibles.
Escucho gotear sobre mi cuerpo
toda la oscuridad que me rodea.
Quiero alargar mis manos, encontrar
otra mano caliente que me guíe
y hacer que nuestro tacto se haga antorcha
para quebrarle el lomo a tanta noche.
Y sólo doy bandazos y tropiezo
y vuelvo a levantarme. Ya no sé
adónde conducía mi camino.
Y sin embargo, mire donde mire
veo una luz al fondo. Muchas veces
corro en su dirección y de repente
choco contra la roca. Otras veces
me dirijo despacio al resplandor
y sigue allí, esperándome, encerrado
en su prisión azul de lejanía.
Me quiero imaginar su reino ausente.
Pienso en el mar, el aire que te eleva
con sólo respirarlo. Quizá un bosque
de árboles que filtran la mañana
con firme lentitud o la autopista
que conduce sin más hacia la fuga.
Pero ya sé desde hace mucho tiempo
que no veo la luz, veo tan solo
su impostura cortante. Es el deseo
que me hace recorrer la galería
que hicieron para mi. La luz no existe,
existe el hombre que la sueña y llama
y por eso no cae entre los charcos
y sus ojos se cierran. Cada paso,
cada bifurcación, cada caída
es el algo previamente decidido.
La galería siempre la llevamos
tatuada en el pecho y no se borra.
La luz es cruel y hermosa y si se apaga
los brazos se hacen barro y se deshacen.
La única esperanza es avanzar
esperando una mano que te guíe
y te ame en esta espesa oscuridad.
(Inédito)


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