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ROMEO, Félix


 

ROMEO, Félix

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Nació en Zaragoza en 1968. Fue becario de creación literaria de la Residencia de Estudiantes de Madrid (1990-1991). Vivió en Barcelona (1991-1992). Trabajó en Mira, una pequeña editorial independiente de Zaragoza. Publicó su primera novela, Dibujos animados  en 1995 y poco más tarde ingresó en la cárcel por un delito de insumisión. Durante 5 años, dirigió el programa cultural de TVE, La Mandrágora. Publicó su segunda novela, Discothèque, en 2001 y su libro Amarillo, en 2008. Murió en 2011 y dejó póstuma su novela Noche de los enamorados (2012).

 


 

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-NARRATIVA:

Dibujos animados (1995).

Discothèque (2001).

Amarillo (2008)

Noche de los enamorados (2012)

Todos los besos del mundo (2012).

 

Las cuatro novelas (2013).

 

- ENSAYO:

Ignacio Fortuny (2000).

- OTRAS:

Natalia Ginzburg, Sagitario (2002). Traducción.
Choderlos de Laclos, Las amistades peligrosas (2002). Edición.
La galería legítima (2004). Edición


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1995: Premio Ícaro de novela a Dibujos Animados.


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LO RARO DE LA GUERRA

Lo raro de la Guerra es que mientras sucede, mientras unos matan y otros mueren, no dejan de suceder el resto de las cosas: se ruedan películas (mi padre salía en Culpable para un delito, el largometraje cool de la Zaragoza de posguerra y yo saldré, si Lamata no corta mi patético cameo, en Una de zombis); las parejas se siguen amando o se siguen odiando o se dejan después de una cena en un buffet libre; se juegan partidos de fútbol; se emiten programas cutres de televisión; se sigue rezando en las iglesias y haciendo judo en los gimnasios; y se representan obras de teatro (como La agonía de Proserpina, producida por el CDA, que dentro de unas semanas se estrena en La Abadía de Madrid).
Lo raro de la Guerra es que la vida sigue: las mujeres dan a luz en Bagdag mientras caen las bombas; los reporteros llegan a primera línea del frente para que todos podamos ver lo que pasa; seguimos manifestándonos en todo el mundo para pedir la paz.
Lo raro de la Guerra es que todo sigue casi igual. Los cines siguen abiertos: y puedes ver allí dentro otra historia de guerra, la estupenda Soldados de Salamina. Los restaurantes siguen abiertos: puedes comer un estupendo falafel o buena comida india. Los taxis siguen circulando. Las bandas siguen tocando. Sigue habiendo exposiciones: puedes hipnotizarte en la galería Tutú de La caja de los hilos. Sigue poniéndose el rastro los domingos y puedes encontrar una primera edición de Imán, la terrible novela de Sender.
Lo raro de la Guerra es que no es como un partido de fútbol en el que un montón de espectadores miran quietos lo que los jugadores hacen en el campo. El mundo sigue. Eso es lo raro de la Guerra que todo sigue igual aunque todo ya siempre será diferente. Lo raro de la Guerra es ir por la calle y sorprenderte porque han florecido árboles cuyos nombres desconoces. Lo raro de la Guerra es que puede ver por primera vez un edificio que habías visto mil millones de veces y descubrir que es perfecto. Lo raro de la Guerra es que meten a tu sobrina de 4 años en el quirófano y luego hablas por teléfono con ella y te dice que está pintando una casa con las ceras Manley. Lo raro de la Guerra es poder oír las canciones del primer disco de La Costa Brava, canciones raras y tristes, o pop y tristes. Lo raro de la Guerra es imaginarte una vida viendo un cartel colgado en un balcón de la Stillman Detectives.
Lo más raro de la Guerra es la propia Guerra. No entender las causas de la Guerra ni las operaciones de la Guerra. Lo raro de la Guerra es resistirte a entrar en la pornografía de la Guerra: la pulcra presencia de las armas, presentadas de forma impecable, como objetos de culto.
Lo raro de la Guerra es que te sigues riendo con los juegos de palabras y que sigues leyendo libros: los ensayos de W. H. Auden o unos textos de Orwell o las pruebas de Autos de choque, el libro de cuentos de Rodolfo Notivol. Lo raro de la Guerra es despertarte en la cama con el ruido de la casa que están construyendo pegada a tu casa, y quejarte.
Lo raro de la Guerra es que sientes alivio por no tener que estar en Irak defendiendo no sabes qué. Lo raro de la Guerra es que te acuerdas de Marta Sánchez cantando a las tropas españolas de la Guerra del Golfo del 91 y que te acuerdas de Carmen Sevilla en la Guerra de Ifni y que te acuerdas de otras guerras que no viviste.
Lo raro de la Guerra es que disfrutas paseando por la calle y viendo gente que no habías visto nunca, mirando escaparates donde se venden licores que no has bebido, frutas que no has comido y que deseas probar. Lo raro de la Guerra es que te hace estar más vivo, completamente vivo. Lo raro de la Guerra es que todo sigue igual aunque todo cambie. Lo raro de la Guerra es que está lejos, estando tan cerca. Lo raro de la Guerra es que deseas seguir vivo y no sabes si eso te hace cómplice o no.

(publicado en Heraldo de Aragón)


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