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MARTÍN, Salustiano


 

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Salustiano Martín González nace en Parada de Rubiales (Salamanca) el 30 de Agosto de 1950. Tiene sólo unos meses cuando su padre (cartero urbano) y su madre (ama de casa) se trasladan a vivir a Madrid: primero, en una habitación realquilada; luego, en una casa de planta baja en un barrio deprimido de Vallecas. Ahí crece y aprende; estudia para el ingreso al bachillerato (1959-60). Se traslada con sus padres a la colonia Virgen de Begoña, donde estudia el bachillerato elemental y superior, y el Preuniversitario (1960-67). Tras una tentativa estéril en la Facultad de Medicina (1967-68), ingresa en la Facultad de Filosofía y Letras, donde se licencia en Literatura Hispánica en 1973; entretanto, para pagarse los estudios, trabaja en un Banco (1969-1975). Mientras hace la mili (1974-75), estudia la especialidad de Historia Moderna y Contemporánea, que concluye en 1977. Desde 1967 escribe poesía; en 1972 queda finalista en el primer concurso en que participa; seguirá escribiendo poemas, hasta conseguir ganar algún concurso y publicar tres libros. Desde 1972, publica artículos y reseñas de crítica literaria (Poesía Hispánica, Reseña, Camp de l'arpa, Hora de poesía, Nueva Estafeta, Diablotexto, España Contemporánea, Ínsula, ...). Da clase en la Escuela de Magisterio (1978). Aprueba en 1978 las oposiciones a Agregado de Instituto. Después de un año en Santander, desde 1979 da clase de Lengua y Literatura en el instituto de Orcasitas, y, desde 1997, en el barrio de Usera. Pertenece al Partido Comunista de España desde 1980. Ha participado en la fundación de la revista electrónica de poesía Lunas Rojas y en las dos primeras reuniones, en Moguer, de los poetas del extremo. Actualmente es miembro del Colectivo Baltasar Gracián de estudios sobre educación. Está casado felizmente, y tiene una hija de un matrimonio anterior.


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- POESÍA:

La mano con la herida (1995).
“Después de la caída” (1999).
Pasa la voz, hermano (2000).
Los filisteos juegan con fuego (2001).


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1982: Premio "El Seráfico" de Poesía (Elda) por Como quien pasa por el fuego, inédito.
1994: Segundo premio Certamen Nacional de Poesía "Gerardo Diego" por "Después de la caída".
1994: Premio "Joaquín Benito de Lucas" de Poesía por La mano con la herida.
2000: Accésit Premio "Rafael Morales" de Poesía por Los filisteos juegan con fuego.


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"No escribo porque sepa algo que quiero comunicar [...]; escribo porque, a partir de lo poco que sé de mí mismo y de los demás, me es urgente [...] acceder a un conocimiento que me permita entender dónde estoy; que relea, para no perderme, el pasado de donde vengo; que averigüe si existe o no futuro para mis pasos y los de los míos (los demás seres humanos que sufren parecida -o peor- opresión social). Por tanto, no escribo sino al servicio de esa búsqueda y para que, si consigo alcanzar en el poema ese saber íntimo y comunitario, alguien pueda aprovecharse de él. [...] Escribo, y no puedo hacer otra cosa, a partir de mis experiencias personales, de una intimidad zarandeada por las intimaciones y determinaciones de lo social y de lo político. [...] cuando empiezo a escribir no sé lo que quiero escribir; sé que quiero alcanzar cierta lucidez sobre un territorio de mi experiencia que he decidido explorar, y, en ese sentido, no escribo sino lo que puedo: lo que mi capacidad poética indagatoria y lingüística, y mis intuiciones sociales y políticas, consiguen hacer en el poema: son mi intimidad, y el mundo histórico en que mi intimidad naufraga o bulle, los que yacen a un tiempo sobre la mesa de operaciones."
"[...] no veo a los demás como seres susceptibles de servirme como instrumentos de mi crecimiento, como peanas sobre las cuales poder elevarme; [...] los veo como personas cuyo dolor resuena dentro de mis huesos; [...] no veo otra solución para dejar de sufrir que conseguir que quienes me rodean dejen de sufrir. No sé si éste es un buen punto de partida para un poeta: lo cierto es que es la única manera que yo tengo de ser un poeta sin dejar de ser una persona." (Salustiano Martín, "Razones de existencia", en Antonio Orihuela (ed.), Voces del extremo, Béjar, Fundación Juan Ramón Jiménez, 1999, pp. 48-49).


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PASA LA VOZ, HERMANO (2000)

"Muerte por fuego"

Francisca la de Cádiz,
muerta

sin días para el gozo de la tarde
del descanso tranquilo,

va olvidando los gritos de los hombres

y el golpeteo de la sangre
que fluye desde el pozo
amargo de su vida
sin ganancia posible,
perdedora
desde el principio de su llanto.

Los brazos de sus hijas
recogen en susurros las pavesas
que deja su esqueleto.

Al ir a caminar,
fue atravesada

por el redoble de las horas
que vivió en la agonía,

por el silencio de aquellas amables
que nunca acariciaron
la angustia de su pecho.


Oh tú,
mujer,
trabajadora
o bien burguesa,

que respiras con tus palabras

o que vives uncida al yugo
y tiras del arado hacia poniente,

ten en cuenta a esta flor:


en otro tiempo
hubiera brillado con gotas
de rocío, gallarda
bajo la luz de las auroras

y hermosa como tú.

Recuerda

que su muerte no está en este poema
sino en la historia que te trajo
hasta estas líneas
y puede

llevarte por caminos semejantes.

Recuerda el desenlace triste
de su estéril agobio.

Recuérdala en la hoguera.

Y recuérdasela a las otras
hermanas.

(De Pasa la voz, hermano, Madrid, Bartleby, 2000, pp. 43-45)



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GRANDE, Guadalupe, "Pasa la voz, hermano. La obstinación y la palabra", Reseña, 316 (2000), p. 17.

MAESO, María Ángeles, "El serio decir de un poeta", Turia, 58 (2001), pp. 351-353.

MOGA, Eduardo, "Realismo mágico", Papel literario, (2001), V-VIII.

MOGA, Eduardo, "Los filisteos juegan con fuego", Lateral, (2001), p. 25.

NAVARRO, María José, "La poesía no es inocente. Los filisteos juegan con fuego", Reseña, 340 (2002), p. 25.

PUERTO, José Luis, "De la herida y del sueño", Turia, 54 (2000), pp. 326-328.

SOLANO, Francisco, "La mano con la herida. Las ilusiones perdidas", Reseña, 265 (1995), p. 37.

TORTOSA, Virgilio, "La voz de la diferencia", Nemeton, 4 (2000), pp. 18-19.

TORTOSA, Virgilio, "Una poética de la incertidumbre", Nemeton, 7 (2003) , pp. 8-9.


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