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FREIRE, Espido


 

FREIRE, Espido

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Nació en Bilbao en 1974. Se licencia en Filología Inglesa por la Universidad de Deusto, donde también cursa un Diploma en Edición y Publicación de Textos.
Aunque en un principio se dedicó a la música (especialmente a la antigua) pronto comienza su carrera literaria consiguiendo con su tercera novela Melocotones Helados ganar el premio Planeta de Novela, convirtiéndose a sus 25 años en la ganadora más joven.
Desde sus años universitarios ha estado involucrada en talleres literarios y tiene un gran interés en la pedagogía de la creación, lo que la ha llevado a impartir cursos de creación literaria en diversas universidades españolas e internacionales.
Colabora en varios medios de prensa nacionales: El País, El Mundo, La Razón... También en Onda cero y en el programa de televisión Ruedo Ibérico.
Sus novelas han sido traducidas a numerosos idiomas: francés, portugués, alemán, holandés, griego, polaco, y turco.


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-NOVELA:

Irlanda (1998).
Donde siempre es octubre (1999).
Melocotones helados (1999).
La última batalla de Vinçavec el bandido (2001).
Diabolus in musica (2001).
Cuentos malvados (2003).
Nos espera la noche (2003).
Juegos míos (2004).
La diosa del pubis azul (2005).
El tiempo huye (2006).
Soria Moria (2007).


-POESÍA:

Aland la blanca (2001).


-ENSAYO:

Primer amor (2000).
Cuando comer es un infierno (2002).
Querida Jane, querida Charlotte (2004).
Mileuristas (2006).
Cuando comer es un infierno : confesiones de una bulímica (2005).

Mileuristas II: la generación de las mil emociones (2008)

Los malos del cuento (2013)

-OBRAS COLECTIVAS EN LAS QUE PARTICIPA:
Vidas de mujer (1999).
Lo del Amor en un cuento (2000).
Ser mujer (2000).
Relatos de viajes (2000).
Fobias (2002).
Ni Ariadnas ni Penélopes (2002).
Orosia (2002).
Una grandiosa espina (2002).
Sobre raíles: el transcantábrico cultural (2003).


TRADUCCIÓN:

Kent, Alexander: Al mando de una corbeta (1999).
Kent, Alexander: Misión en ultramar (2000).
Kent, Alexander: Libertad de acción (2001).
Latitudes extremas : doce poetas chilenas y noruegas (2003).

-NARRATIVA

El trabajo os hará libres (2008)

Hijos del fin del mundo: De Roncesvalles a Finisterre (2009)

Cuentos malvados: microrrelatos (2010)

La flor del norte (2011)

-OTRAS

Cartas de amor y desamor (2009)

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1999: Premio Millepage por Irlanda (dado por los libreros franceses a la novela revelación extranjera).
1999: Premio Planeta por Melocotones helados.
2000: Premio "Qué Leer" a la mejor novela española por Irlanda.
2001: Premio NH de Relatos por El tiempo huye.

2007: XXXIX Premio Ateneo de Sevilla por Soria Moria.

2009: IV Premio Llanes de Viajes por Hijos del fin del mundo: De Roncesvalles a Finisterre.

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Como lectora, exijo certezas; deseo que cada novela suponga un paso adelante y sin posibilidades de retroceso en el avance de la literatura. Como autora, no tengo más salida que moverme por intuiciones, un tanteo a ciegas, unas historias repetidas que intento expresar con voz contundente y una duda continua.
¿Cómo crear una nueva historia, una nueva novela, cómo salvar el traicionero salto de siglos? Cada lector habrá de salvarse sólo, y perderse en el bosque de palabras para encontrar la salida, como hacen mis personajes. Un personaje es, por lo general, un ser tan desgraciado como un humano, y exactamente igual de desvalido. Goza, sin embargo, de dos ventajas frente a la vida real: una, la capacidad de ser recordado y amado durante más tiempo del que dura una existencia humana, si su autor ha sido hábil y le ha dotado de energía y de independencia.
La otra, su misterio, su impenetrable hostilidad, el silencio en que se sumen una vez que se ha cerrado el libro. Nada se extraerá de ellos, como de los humanos después de muertos. Pero su triunfo es que ellos viven, que pueden renacer en cualquier momento, que son capaces de pasar por alto las leyes del tiempo y del espacio. No son sino palabras, y como tales pueden ser todo, o ser nada. O silencios. El silencio perfila a los personajes como golpes en la roca.
Cuando se habla de la muerte, de personajes condenados a morir, preferiríamos no conocer su historia, no entrar de lleno en la verdad, pero con la voz, con los silencios, no es posible. Una vez que algo se sabe no es posible no saberlo. Sólo es factible olvidarlo, la otra manera de tender silencio sobre los hechos, como si fuera una sábana mojada actuando contra el fuego.
De alguna manera, el silencio no oculta únicamente hechos: al igual que las palabras, traza de manera misteriosa los límites de un tiempo, de una tierra nebulosa que no termina de emerger de la memoria. Los mundos imaginarios son crueles. No muestran piedad con los perdedores, y los condenan a penas desproporcionadas: la muerte, la locura, o un tormento eterno.
Bienvenido a este mundo invisible, virtual, imaginario.

(Tomado de www.clubcultura.com)


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SIRENITA

Durante siglos, inmóvil y silenciosa, ha habitado en las aguas enlodadas y calmas del lago. Le acompaña una fama inquietante, de culebra movediza y traidora que una vez devoró a un caballero que trató de darle muerte. Ella misma no recuerda el suceso con claridad: el caballero, un señor lejano, se había acercado hasta la orilla del lago, y allí se había dirigido a ella. Intercambiaron palabras de amor, miradas tiernas, y un par de anillos de cobre que les dejaron los dedos verdosos. Entonces, resuelta, decidió renunciar a todo por el hombre suave y cortés que acudía a visitarla. A cambio de su voz perdió la cola irisada y se convirtió en humana. Esa noche el caballero no la halló. En su lugar, encontró junto a los juncos, una enorme cola de pez ensangrentada. Cuando se abrió la garganta con su espada, ella se encontraba muy cerca de su castillo. Se ocultó entre unos matojos ante el paso de la guardia, que se llevaba el cadáver del príncipe envuelto en una capa, un bulto anónimo. Ella esperó a la puerta del castillo muchas horas, en vano, convencida de haber sido traicionada. Regresó al lago, abatida y lloroso, y desde entonces aguarda, cubierta de barro y liquen, la llegada de otro caballero en quien vengar su abandono.

(De www.clubcultura.com)


Ahora era mi nombre lo único que me quedaba en una tierra que no era la mía, en una casa que ya no pertenecía a la familia, fuera de la historia de mujeres magníficas, Hibernias e Irlandas sin escrúpulos que marcaban las espaldas de sus esclavos, y sería lo único que quedara detrás de mí, flotante como los nombres y las ideas, y los amores que no eran tan sencillos como los imaginados desde una cama en un balcón que ofrecía vistas al parque. Porque, me alcanzara o no la tortuga, todo se complicaba por momentos, y la vida que no me dejaba participar en sus ritos se convertía en un terreno hostil en que los fantasmas dejaban paso a Irlanda. Ella tenía razón. Yo no sabía nada de la vida; sólo que había que ganar y no estar muy cansada de luchas. Quería irme. Quería terminar de una vez.
Me vestí; bajé las escaleras sin miedo al ruido, arrojé la azada entre las herramientas del campo y me senté en uno de los bancos del jardín, estremeciéndome por el frío, para ver, por vez primera en aquel verano, el amanecer.

(De Irlanda, Barcelona, Planeta, 1998, p.167)


Patria, una de las niñas mayores, tenía la boca torcida y las manos grandes. No había visto en su vida todo junto el dinero que le daban a Elsita para que lo metiera en la hucha. En la escuela se sentaba en las últimas filas, porque era alta y aprendía muy poco, de modo que contaba a quien quisiera oírla que al año siguiente se iba a colocar de criada en Duino.
-Criada... -murmuraban las niñas, admiradas.
A todas les parecía algo muy distinguido.
Detestaba a Elsita tanto como adoraba a Miguel. Con él se mostraba discreta y sonriente, muy pronta a darle la razón.
-Hola, Miguel...
-Adiós, Patria.
-¿Adónde vas?
-Al río, a pescar.
-¿Con este calor?
-Es que me están esperando.
-Ah... -decía ella, y hacía un esfuerzo por sonreír.
Miguel, que cuando hacía calor aún echaba mano de los pantalones cortos, le devolvía la sonrisa, pero ni siquiera se había dado cuenta de que existía. Pese a que albergaba la convicción férrea de que algún día Miguel y ella se casarían, Patria se llevaba sus chascos y sus malos ratos. No era mala chica; jamas dejaba sola a su madre cuando el padre, un borracho, regresaba bebido. Si tocaban palos, apretaba los dientes y callaba. Ella sabía que no se marcharía de criada a menos que pudiera llevarse también a su madre y a sus hermanos.

(De Melocotones helados, Barcelona, Planeta, 2001, p.p.128-129)


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GARCÍA GALIANO, Ángel: “La nueva narrativa bilbaína ante el tercer milenio: Espido Freire”, en Bilbao. El espacio lingüístico. Simposio 700 aniversario = Bilboren 700. Urterrena. Hizkuntza gunea sinposioa, Bilbao, Universidad de Deusto, 2002, p.p. 455-64.
LÓPEZ JIMÉNEZ, Paula; REDONDO GOICOECHEA Alicia (coord.): “Espido Freire: una nueva visión de los cuentos de hadas”, en Redondo Goicoechea, A. (coord.), Mujeres novelistas. Jóvenes narradoras de los noventa., Madrid, Narcea, 2003.
MOREAU, Marie Christine: “Espido Freire: Melocotones helados”, en Nuevos talentos, talantes nuevos. Culture Hispanique, Bourgogne, Hispanística XX, XVIII, 2000, p.p. 21-38.
POZA DIÉGUEZ, Mónica: "La sugerencia de la trama o la magia narrativa de Espido Freire", en Espéculo: Revista de Estudios Literarios, 20, (Publicación electrónica).
VILLARINO MARTÍNEZ, Beatriz: "Trayectoria narrativa de Espido Freire: Temas, tendencias, técnicas y procedimientos narrativos", en Espéculo: Revista de Estudios Literarios, 28, (Publicación electrónica).


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[Ficha elaborada por Peña]