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PUERTO, José Luis


 

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Nació en La Alberca (Salamanca), en 1953. Estudió en la Universidad de Salamanca, licenciándose por la misma en Filología Románica. Realizó el servicio militar en Pontevedra y Orense. Catedrático de Lengua y Literatura de Instituto de Enseñanza Secundaria, ha desempeñado la docencia en Sevilla, Segovia y, actualmente, en León.
En Segovia, co-dirigió Encuentros. Revista de Literatura, de la que aparecieron 22 números. Y creó -y dirige- la colección poética Pavesas. Hojas de poesía, en la que han aparecido poemas de Juan Ramón Jiménez, Valente, Colinas, Aníbal Núñez, Carriedo... y traducciones de Celan, Merton, Mallarmé, Keats, Tomlinson...; y con viñetas de Chillida, Tàpies, Saura...
Ha participado -como poeta y como secretario de Rafael Alberti- en cursos de verano de El Escorial (de la Universidad Complutense) y de otras universidades. Ha leído sus poemas en distintos foros (universidades, diversas instituciones públicas y privadas, Círculo de Bellas Artes...). Ha dado charlas sobre literatura y etnografía en distintos foros. Y colabora con frecuencia en revistas y publicaciones literarias, con trabajos de creación y críticos (sobre San Juan, Fray Luis de León, Clarín, Mª Teresa León, Eugenio de Nora, Valente, Gamoneda, Colinas, Jiménez Lozano...).
En León, creó y dirige la colección literaria Cuadernos del Noroeste, que ha publicado textos de Juan Ramón Jiménez, A. Colinas, A. Gamoneda, Jiménez Lozano, Verlaine y G. Carnero. Y creó y co-dirige la colección de arte y literatura Plástica & Palabra, editada por la Universidad de León y que ha publicado textos de Günter Brus, Lucebert y Valcárcel Medina.
Aúna la creación poética y literaria, la investigación etnográfica, la crítica de arte y la traducción de poesía portuguesa (Andrade, J. de Sena, Bento, Helder, Júdice, Al Berto...).
 


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- NARRATIVA:

Las cordilleras del alba (1991).
Un bestiario de Alfranca (2008).

- POESÍA:

El tiempo que nos teje (1982).
Un jardín al olvido (1987).
Paisaje de invierno (1993).
Estelas (1995).
Señales (1997).
Las sílabas del mundo (1999).
De la intemperie (2004).
Ofrenda (para invocar la memoria) (2006).
Memoria del jardín. Antología poética (1977-2003) (2006).
Proteger las moradas (2008).
Nueve huellas de marzo (2009, plaquette).

Trazar la salvaguarda (2012).

- ENSAYO:

Ritos festivos (1990). Etnografía.
Guía de la Sierra de Francia (1992). Libro de viajes.
Paseos por Las Hurdes (1994). Libro de viajes. En col. con R.Grande del Brío.
El tiempo de las fiestas (1994). Etnografía. En colaboración con María Campos.
Cuentos de tradición oral en la Sierra de Francia (1995). Etnografía.
El animal del tiempo (1999). Aforismos, prosas breves.
Hondo oficio de inocencia (2000).
Teatro popular en la Sierra de Francia: Las Loas (2001). Etnografía.
El cuento literario en Castilla y León I, II (1999, 2002). Estudio y antología.
La ruta imaginada. El Camino de Santiago en la Literatura (2004).
Manantial (2004).
Castilla en los escritores del 98 (2004).
Celebración del mundo, celebración del tiempo : ritos y creencias sobre la vegetación en las tierras de Béjar : discurso de ingreso en el Centro de Estudios Bejaranos (2006).
Fascinación del mundo : motivos legendarios tradicionales (2006).
La Sierra de Francia : tradiciones, pueblos, paisajes y paseos (2007).
La Sierra de Béjar. Tradiciones, pueblos, paisajes y paseos (2008).
Romancero (2009).
Teatro popular (2009).

Miguel Hernández en las misiones pedagógicas por tierras salmantinas (2010).

Expresiones de religiosidad popular (2010).


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1986: Accésit del Premio Adonais de poesía por "Un jardín al olvido".
1990: Premio Ciudad de Segovia de poesía por "Paisaje de invierno".
1997: Premio Jaime Gil de Biedma de poesía por "Señales".

 


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EL TEJEDOR DE PALABRAS

(Para una poética)

Siempre he sentido que escribir no es redactar. Es otra cosa. Sin embargo, como lector, observo que, en el momento presente, predomina, por desgracia, más la poesía redactada (siguiendo imperativos de actualidad, de lo que está en boga, de escuela o de grupo, de determinada estética...) que la escrita.
El escritor, el poeta, no verbaliza las zonas de la realidad (o de la conciencia o de la memoria...) que quiere, nunca escribir es una elección por lo racional marcada, sino las que se hallan en él, las que ha ido y va elaborando a través de ese tamiz imperceptible -que el poeta incluso tantas veces desconoce- tejido por la conciencia, por la inteligencia, por la sensibilidad, por la memoria, por las emociones... Parece que se diera una suerte de fatalidad: que el poeta fuera elegido por su mundo, para verbalizarlo y expresarlo, en una aproximación o en un tanteo continuo en el que la escritura poética consiste. En este sentido, son pertinentes las palabras de Edmond Jabès: "En cada uno de nosotros, ... hay un libro que nos transforma en vocablos", pues "cada libro es prolongación o acabamiento controvertidos del libro, escrito o por escribir, en el que el escritor está enclavado."
Nos hallamos, sí, enclavados en ese libro, siempre por escribir, a pesar de todo lo escrito, y al cual, a través de tanteos, de incursiones, trata de aproximarse nuestra palabra. Palabra, la poética, conectada con los lenguajes que, desde antiguo y en el presente, tratan de expresar lo sagrado, en ese viaje a la semilla, a lo primordial, al centro, en el que acaso consiste la más hermosa tentativa del ser humano en su paso por el mundo.
Pero ¿cuáles serían las vías, las claves, para emprender tal itinerario, en el que verbalizar suponga tantear, aproximarse, ir ensanchando el territorio en el que la belleza lleve a la afirmación del ser en el mundo? Desde muchacho, he intuido -y así he tratado de plasmarlo a través de mi escritura poética- que la poesía es la palabra atravesada por la emoción, por ese decir desde el yo desnudo, cuando se desprende de toda impostación y de toda adherencia, de toda convención y se adentra en lo no hollado en busca de la plenitud. Palabra emocionante, palabra intensa, palabra plena... la de la poesía, contemplativa también, en la medida en que la mirada se impregna de simpatía por los seres, por las criaturas y por el mundo. Palabra en la que sentir se hace pensar y pensar, sentir -como Unamuno ya intuyera. En la que es posible, a la vez, la alianza de los sentidos con la inteligencia, del lado cordial con el racional, en la que amar y conocer se dan la mano, para fundar el mundo tal y como lo vive el ser humano desde su capacidad de creación; para verbalizar nuestro paso, nuestro itinerario, nuestro viaje, nuestra soledad y nuestra fusión con los otros, nuestras luces y sombras, nuestra memoria y experiencia de la gracia y de la herida.
Palabra, la poética, de la larga distancia, de la inactualidad. Palabra a la intemperie y a contracorriente. Que se atreve a verbalizar el itinerario hacia el centro, hacia lo primordial, a la semilla, desafiando un tiempo de profanaciones. Palabra que trata de llegar hasta el fondo, en una época de exaltación de lo trivial y de lo superficial.
Palabra -ya lo hemos dicho- a la intemperie, a contracorriente, más allá de ciertos decires prestigiados, obvios y transitivos los unos, intransitivos y herméticos los otros. Porque nunca es palabra de escuela ni de consigna. Está siempre en esa travesía desde el corazón humano hacia el corazón humano de hoy y de mañana, por unas vías secretas que se escapan a toda manipulación y a todo manejo. Amiga del silencio y de la luz, de la noche y la música. En sus recintos, tan llenos de murmullos, tan acogedores, resuena el mundo y el ser, nuestra verdad más pura.
Palabra que busca trascender vivencias, emociones, experiencias, sentires efímeros del hombre, y darles un alcance duradero, que pueda servir a la tribu como sentido, consuelo, belleza, reconciliación, armonía.
Palabra de la revelación, frente a otros lenguajes utilitarios y uniformizadores, que nos escamotean lo más verdadero y lo que más nos importa de nosotros mismos y del mundo. Palabra que nos ayuda a crear y a configurar el lugar, el territorio, el jardín, en el que vida y muerte, amor y desarraigo, alegría y dolor... no sean sino caras de una misma moneda cuya totalidad nos está destinada si sabemos mirar y entender.
Es un don. Por ello, podemos dar gracias, con Jorge Luis Borges, "por el hecho de que el poema es inagotable / y se confunde con la suma de las criaturas / y no llegará jamás al último verso / y varía según los hombres". Casa de todos, no excluyente. Frente a tantos sectarismos y fundamentalismos.
Y podemos terminar diciendo, con Gottfried Benn: "En el poema la lengua se sosiega y el hombre vive calmado por un instante en el silencio", ese hombre que "jamás abandona la búsqueda de la trascendencia, de aquel más allá al que se dirige".

 


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CABALLOS

QUE vuelvan los caballos
Del tiempo a mi jardín,
Que pasten en las hondas
Praderas de mi pecho.
Nutre como la sangre
La roja hierba de mi corazón.
Siento aún el galope velocísimo
De esos latidos que me llevan siempre
A aquel jardín lejano,
A aquel espacio virgen
Lleno de castañares, de granito
De enciclopedias que atesoran
Los enigmas del tiempo.
Que vuelvan los caballos,
Tengo caminos para su galope
Que llevan a un jardín, a mi jardín
Con rosas de inocencia, con aromas
Que atraen las caracolas del recuerdo,
Tengo praderas en el mapa mudo
De la niñez,
Allí qué pastos hallarán, qué arroyos
En que abrevar felices,
En que calmar la sed
Del pasado, tan lejos;
Aún tienen hierba mis laderas prístinas
Y el agua de la vida aún las riega.
Que vuelvan los caballos
Del tiempo a mi memoria,
Que traigan los recuerdos
En alforjas de magia;
Hace tiempo que espero su galope
Por las secretas vías de mi infancia,
Hace tiempo que esperan mis oídos
Escuchar su galope;
Están de mi jardín las puertas bien abiertas
Y en las altas planicies de mi pecho
No existe ningún muro
Para impedir su paso.
Si vienen les daré las rosas de mi sangre.

(De Un jardín al olvido, 1987, pp. 46-47).


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AYUSO, César A., "Los ojos del alma" [sobre Las cordilleras del alba], Norte de Castilla, Supl. Letras, Valladolid, 29 de febrero de 1992, p. III.

COLINAS, Antonio, "La voz interior" [sobre Señales], Turia, núm. 46 (Noviembre de 1998), pp. 256-257.

ESCRIBANO, Asunción, "José Luis Puerto: la orografía de un corazón" [sobre toda la poesía], Revista Cultural. Ávila. Segovia. Salamanca, núm. 36 (Julio de 2002), pp. 18-19.

GARCÍA MARTÍN, José Luis, "Espacio y tiempo" [sobre Paisaje de invierno], La Nueva España, Oviedo, 17 de julio de 1993, p. 35.

GARCÍA DE LA CONCHA, Víctor, "Estelas, José Luis Puerto", ABC, Supl. ABC Cultural, núm. 215, Madrid, 15 de diciembre de 1995, p. 10.

GONZÁLEZ IGLESIAS, Juan Antonio, "Atenerse a las sílabas" [sobre Las sílabas del mundo], ABC, Supl. ABC Cultural, núm. 450, Madrid, 9 de septiembre de 2000, p. 10.

MOGA, Eduardo, "Señales de la pérdida" [sobre Señales], Papel Literario, Málaga, 7 de junio de 1998, p. VI.

ORTEGA, Carlos, "Pide un lugar en los versos del invierno" [sobre Paisaje de invierno], El Mundo, Suplemento La Esfera, Valladolid, 24 de julio de 1993, p. 11.

POLO, Milagros, "Constelaciones" [sobre Estelas y Señales], Diario 16, Supl. Culturas, núm. 530, Madrid, 30 de marzo de 1996, p. 16.

PRIETO DE PAULA, Ángel L., "José Luis Puerto en su madurez: la revelación de un mundo" [sobre toda la poesía], Espacio / Espaço Escrito, núms. 15/16 (1998), pp. 210-218.

 

 


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