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ILLÁN VIVAS, Francisco Javier


 

ILLÁN VIVAS, Francisco Javier

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Francisco Javier Illán Vivas nace en Molina de Segura, Murcia, el 20 de octubre de 1958. Cuando contaba pocos años de edad su familia se tralada, por motivos profesionales, a Badajoz, donde permanece hasta 1978. Criminólogo, es Master en Dirección de Seguridad por la Universidad Autónoma de Madrid. Miembro del Club Internacional de Prensa. Subdirector del semanario digital vegamediapress.com. Codirige la revista de creación literaria Ágora, papeles de arte gramático. Crítico literario para esos dos medios.

 


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- NARRATIVA:

La Cólera de Nébulos I: La maldición (2004).
Con la pluma a cuestas: Catorce escritores desde La Rioja (2004). Antología de relatos en la que se incluye "La casa de mi madre".
Cuentos de la Molineta (2006). Antología de relatos de la asociación La Molineta Literaria; el autor participa con "La estatua del santo".
El rey de las esfinges (2008).

La Isla y otros relatos (2013)

- POESÍA:
Con paso lento (2003).
Dulce amargor (2005).
Crepusculario (2007).

Témporas (2010)

A mi manera (2012)

-ANTOLOGÍAS POÉTICAS EN LAS QUE PARTICIPA:

II Jornadas de poesía sobre el Segura (2007). Antología en la que participa con el poema "Vigilias".
Tertuliemos I (2008).
Arde en sus manos (2009).
República poética (2009).


-RELATOS:

"Viento, viento", en Ágora papeles de arte gramático nº 12, (2007).
"Vendimiar tu piel", en CuentaMolina nº 1, (2007).
"Mi tiempo", en LML- Cuadernillo conmemorativo, (2006).
"Cuídalo", en LML- Cuadernillo conmemorativo, (2006).
"El secreto", en LML- Cuadernillo conmemorativo, (2006).
"Agonía", en LML- Cuadernillo conmemorativo, (2006).
"Condenado", en LML- Cuadernillo conmemorativo, (2005).
"Roberto", en Los martes de Luna Llena (2009).

"En un hotel de París”, en París. Antología (2012)

"El secreto de Zeos", en 2099. Antología de Ciencia Ficción (2012)

"Condenado a una muerte efectiva", en Los mejores terrores en relatos (2012)

 


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2012: Finalista del X Premio Internacional Sexto Continente de relato de ciencia ficción y ficción distópica con El secreto de Zeos.

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- "Creo que todos escribimos sobre los cimientos que otros nos legaron. La materia prima son las palabras, difícilmente permaneceremos insensibles a los grandes poemas que nos precedieron".
- "Como los deportistas se entrenan todos los días: escribo todos los días para estar en forma, sobre cualquier tema, considero que ello hace que mi voz adquiera muchos más tonos, registros y recursos".
- "Confío plenamente en mí, pues sé que cuando llegue la inspiración me pillará escribiendo, como han dicho muchos grandes autores a lo largo de la historia".
- "Cualquier poema siempre se queda por debajo del que previamente imaginamos. Las palabras nos persiguen, cuando andamos, cuando vamos conduciendo, y, como decía Goethe, van quedando apiladas como leña, hay que dejarlas secarse, arderán a su debido tiempo".
- "En la narrativa sigo los ejemplos de Lovecraft, creando una atmósfera y desarrollando un crescendo a partir de una situación normal de la vida y, sobre todo, no dejar ver al monstruo nunca por completo".
- "Siempre intento violar alguna ley de la naturaleza, que suceda algo imposible de sostener racionalmente y las apariciones deben ser siempre sorprendentes y cada vez más aterradoras".
- "Intento repetir una determinada palabra (por ejemplo: la cosa), para que se grabe en el ánimo de quien la lee, utilizando sonidos y olores, todos los que forman parte de la naturaleza del miedo. Lamentos, aleteos, pezuñas, truenos y arañazos".
- "Los personajes deben ser valientes, cercanos a la locura y su curiosidad invencible".
- "Por último, los paisajes, sombríos, casi en palabras de Lovecraft: árboles descomunales, capaces de albergar espíritus y demonios o monstruos surgidos de las tinieblas".
 


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LA MALDICIÓN (2004)

Era el último engendro vivo de una raza, los Grzahcorm, quienes poblaron los brezales mucho antes que los Grarkrom, siglos antes que los Homosaurios, antes del primer cataclismo. Fueron poderosos y dominaron grandes extensiones del mundo conocido en aquellos oscuros tiempos, donde ninguna otra forma de vida se libraba de su nefasta presencia. Pero otros seres inferiores se unieron contra los Grzahcorms, fueron implacablemente perseguidos en todo el mundo e, incongruencias del destino, serían los Humanos quienes acabasen con la grandeza de su raza. Contaban con un aliado por nadie gobernado como por ellos: el fuego. Acosado, se refugió en esa misma torre tras escapar a la batida promovida por los Homosaurios de Farahabad, otra raza ya por aquellos años casi extinguida que encontró su último Refugio en los desiertos.
Ya en el torreón, los Humanos que lo custodiaban sufrieron su maldita presencia, hasta que el propio Shelomó acudió a la fortaleza y descubrió la terrible razón por la que desaparecían sus hombres. Nunca hubo ni vencedor ni vencido en sus singulares batallas. A ambos, engendro y Humano, les sorprendió luchando el cataclismo de fuego y lluvia que sumergió a Chandigharán en la Noche de la Maldición.
¡Tanto tiempo sin probar la sabrosa carne! ¡Tanto tiempo sin beber la roja y deliciosa sangre! El engendro no conocía el miedo, pero temía a su enemigo. Volvió a olfatear el olor a vida y venció sus temores; comenzó a deslizarse escaleras abajo, precedido de un baboso líquido de olor punzante y corrosivo brotado de su infecta boca. La oscura baba gelatinosa, que descendía escaleras abajo, le ayudaba a desplazar su enorme mole viscosa, pero también erosionaba los peldaños. No era la primera vez que recorría las escaleras. Hubo un tiempo en que cientos de veces pretendió escapar de la torre, pero su indomable enemigo, su firme y persistente rival se lo impidió, forzándole a retroceder, a subir los desgastados escalones, obligándole a consumirse en lo alto del torreón, impidiendo que propagase su apestosa presencia. Aunque, a su vez, esa misma presencia en Chandigharán impedía que La Maldición fuese extirpada, que la yerma tierra volviese a ver a los Humanos trabajándola, luchando con ella para sacar adelante las cosechas, el ganado y tantas cosas que delatan la presencia de los hombres en un país.


(La Cólera de Nébulos. Libro I: La Maldición, Murcia, Nausícaä, 2004, pp 39-40).


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