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AGUADED LANDERO, Santiago


 

AGUADED LANDERO, Santiago

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Santiago Aguaded Landero nació el 25 de Julio de 1962, en Lepe (Huelva). Se licencia en Biología por la Universidad de Sevilla en 1988, tras pasar un año en Madrid haciendo el servicio militar (1983-84). A continuación vuelve a Madrid (1989) como becario de investigación obteniendo el Doctorado por la UPM en 1992. En 1994 consigue su primer trabajo de profesor de Secundaria (interino) y en 1996 en la Universidad de Huelva donde continúa en la actualidad. Su interés en la escritura es juvenil pero sólo empieza a escribir en serio a partir de 1994 cuando obtiene su puesto de profesor. Se interesa especialmente por la conjunción entre ciencia y poesía sin olvidar otros aspectos de la (ir)realidad que nos rodea, como el mundo del trabajo, el amor, el tiempo y la muerte.

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Tratado de lo interino (2000).

Diario de un profesor de química (2000). 

Diario apócrifo de un alquimista (2005).

El perfume de Magdalena (2005).

Teoría del Dolor (2006)

El libro de los mendigos (2007).

El libro de las defixiones (2008).

El libro de los perfumes (2008).

Sortilegio de silencio (2009).

La Agencia del Miedo (2009).

Salario (2009).

Voz Vencida (2009).

Disolución (2012).

La flor de Tarsis (2012).

Colapso (2013)

Suicidas, homicidas y otras personas normales (2014).

El libro de los esclavos (2014).

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2000: III Premio Int. de Poesía de la “Ciudad de Lepe”.

2009:  II Premio Int. de Poesía “Palabra Iberica”

2009: XXIV Premio de Poesía de la “Villa de Peligros”

2009: XXX Premio “ Juan Alcaide” de Valdepeñas.

2014: II Premio de Poesía de la “Editorial Autores Premiados”.

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La poesía se hace de palabras que generan preguntas.

La poesía se hace de palabras que generan diálogo.

La poesía se hace de palabras que procrean el silencio.

Jack Landes

¿Qué es poesía?

 Muchos estudiosos y poetas han intentado responder esta pregunta con resultados más o menos afortunados. Yo considero que la poesía no está en las palabras, pues según se las emplee puede ser ofensivas, malsonantes o expresar conocimientos como en el caso de la ciencia. Entonces la sola palabra no basta. Para mí la poesía está en lo que se dicen las palabras del poema, en ese diálogo de silencios, pausas, músicas. Así pues la poesía es la palabra que interpela a la realidad, palabra que revela emociones/amenazas ocultas, pues muchas veces se escribe en legítima defensa, contra el dolor, contra el mal o contra el bien. Recordemos que la poesía que obvia el mal nos deja huérfanos de esas sombras del hombre: la avaricia, la usura, el asesinato, en resumen, el crimen. Desconfío de los/as poetas que hablan mucho de la luz, del día y de las flores del campo mientras olvidan a las flores del mal y de los suburbios, olvidan  a la noche y sus sombras. Desconfío de los/as que cantan al fuego y olvidan la ceniza. Recordemos que las mas grandes versos de la poesía universal han sido dedicados al mal, tanto para mostrarlo como denunciarlo. Desde Homero a Villon y pasando por Shaskespeare, Baudelaire, Benn o Lee Masters, los poetas han mostrado las más feas pasiones humanas: el crimen, el hambre, la enfermedad, el egoísmo, la infamia, el odio. Por otro lado me interesa la semántica del poema: más exactamente la polisemia. Un poema, aunque no diga algo comprensible, debe al menos sugerir algo. En el fondo late en mí el problema de  (in)comunicación. Al borde del lenguaje, en sus límites, es donde el poeta encuentra su condena y su salvación y surgen los más bellos poemas del hombre. Recuérdese que todo hombre/mujer mata lo que ama, como diría Wilde en su Balada de la Cárcel de Reading.

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Un poema de amor y otro de muerte:

 

MEDEA RESPONDE A JASÓN

SÍ, FUI yo la del sortilegio de silencio y fuego.

Le envié un vestido de fuego a Creusa y después estrangulé a nuestros hijos. Si las hubieras visto: parecía una tea del cielo desgajada. Pero si tú quisieras, o estramonio degolara a luz que a pel /o beizo soñara, mas ahora no soy la esposa entregada ni la amante asesina, sólo aquella mujer que se encuentra en una senda bifurcada de oro y ciencia. Acaso ninguna interpretación sea verdadera. ¿Soy la meiga que finge la salvaje hora de la datura o la que espera el perdón, la paz y la palabra: el éxtasis de la química donde (no) cabe el júbilo?

 

(del libro Suicidas, homicidas y otras personas normales, 2014)

 

EL PERFUME DE BRISEIDA

 

¿Hacia qué armoniosa angustia

o, qué sofocante sueño

tiende tu simétrica danza?

Mi lascivia mira tu vientre

y mi efímera eternidad

se despierta –precisa–

allí donde comienzan

tus gráciles nalgas.

Tus caderas son corceles

que al viento se vacían,

sus riendas prisioneras

de mi prisa y tu miedo.

Tus dientes muerden tus labios.

Sueltos al aire, tus senos

exhalan un intenso aroma

que sabe a fruta de sangre

mezclada con la furia

de animales amargos

que se esparcen por el mar

infinito de tus encajes

y se despeñan en los dos hoyitos

abisales de tu agonizante espalda.

 

(De “El  perfume de Magdalena, 2005)

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