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LUMBRERAS, Roberto


 

LUMBRERAS, Roberto

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Roberto Lumbreras Blanco (Segovia, 1963) es licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Valladolid, ciudad donde reside. Fundó la revista universitaria Alrededor y colaboró en la prensa regional hasta 1984. Tras un largo paréntesis alejado de la escritura, debuta en la escena profesional con la multipremiada comedia Hasta que la boda nos separe, a la  que han seguido otras diez obras dramáticas, entre las que se encuentra la comedia musical ¡LENCERÍA!, una declaración de guerra a la anorexia. Como autor dramático  ha sido invitado en eventos como el Festival Don Quijote de teatro latinoamericano en París, la Expo de Almada en Lisboa o La Muestra de Autores contemporáneos de Alicante. De sus puestas en escena es reseñable la de Nana para despertar a un amante (en la versión Argentina Canción de cuna para un marido… en coma)  producido por el Teatro Nacional Cervantes, en Buenos Aires. Autor polígrafo, además de la escritura dramática cultiva también la  narrativa, el ensayo, la poesía y el aforismo, y ha pronunciado conferencias y participado en mesas redondas sobre temas diversos.

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TEATRO

-Hasta que la boda nos separe.

-Amor interruptus.

-Nana para despertar a un amante.

-Matrioska (o Los caballeros las prefieren rusas)

-etc.

El mes de la Gioconda

¡LENCERÍA!

Muy cerca en la noche

NARRATIVA

 

-Elogio de la Lencería (monografía miscelánea)

-Participación en: Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (Cátedra Miguel Delibes).

 

ENSAYO

-Ramón Gómez de la Serna: claves de su incomprensión

-La soledad del porvenirista.

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-Premio Alejandro Casona

-Finalista Premio Nacional Calderón de la Barca

-Premio Luis Mate de Teatro.

-Premio Asturias de las Artes Escénicas (mejor puesta en escena)

-Finalista Premio Max al Mejor Montaje Revelación

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“Una ficción es un acto de rebeldía contra la vida real” (Mario Vargas Llosa).

 

•Escribo lo que me gusta a mí, que es exactamente lo que me gustaría leer: el artista, como el amante, debe gustarse así mismo para gustar a los demás.

• Aplico el "imperativo categórico" kantiano al acto de escribir: "escribe como si lo escrito fuera a ser lectura obligatoria para los alumnos de Literatura". Con este listón tan alto, a la fuerza uno ha de superarse.

• "Sorpréndete a ti mismo". Éste debería ser el verdadero lema. Pues en conocerse a sí mismo tarda uno poco, y en el mismo momento comienza a aburrirse.

• Literatura debe ser fabulación. Hay que quitar realismo a la vida: sublimarla, refractarla, acelerarla y retardarla a placer, cambiarla de color, de olor y de sonidos, jugar con el enfoque y el desenfoque, amalgamar el lirismo y la ironía, girarlo todo, barajarlo, rebautizarlo.

• El libro debería abrirse como una puerta: una puerta que nos invita a evadirnos de la vulgar y monótona cotidianeidad.

• No renuncio a ningún género, y en mi avaricia de polígrafo sincrónico los practico en la misma obra.

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1º.- Microrrelato :  Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea.

 

“EL VIOLADOR CONDENADO A LA JAULA DE LOS GORILAS SODOMITAS (1)

 

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(1) N. del A.- Este microrrelato me ha causado numerosos conflictos personales, ideológicos y

académicos. Empezando con la casa editora. El “editor” despidió al corrector de pruebas por

haber dejado pasar esta página con título y sin texto (¡!). Yo tuve que comparecer ante el

Juzgado de lo Social para declarar, a favor del despedido, que efectivamente no hay texto,

quiero decir texto extrapolado del título, porque en realidad es un título-texto, un texto

amalgamado con el título, un relato implícito en el texto, o título hiper-explícito, tanto que

irrumpe en el terreno del texto, etcétera. El juez, que se perdió en lo que él llamó “divagaciones

mías”, dio la razón al editor. Sobre este sujeto, sólo diré que no era un profesional, sino un falso

editor que utilizaba el negocio del libro para blanquear dinero, como demostró no mucho

después un inspector de Hacienda (gracias a la denuncia del corrector de pruebas).

En otra ocasión, y aunque suene a chufla, me han atacado en la prensa con una “carta abierta”

de la Asociación Protectora de los Gorilas (el sobrenombre no lo recuerdo: era el de una famosa

etóloga). Esta asociación me acusaba propiciar la “taurinización” de los gorilas, es decir,

promover su utilización espectacular con grave alteración de su vida y comportamiento sexual,

induciéndoles al “humanismo”, término acuñado con dudosa gracia por la presidenta de la

asociación para establecer un correlato con nuestro denostado “bestialismo”.

Finalmente, ya en el campo académico, un grupo de estudiosos alemanes muy bien “liderados”

y “cohesionados”, que llamaré la “Escuela Alemana” me ha tomado por cabeza de turco y

recurren a este microrrelato en cuanto congreso sobre el tema participan, para ilustrar el

paradigma del “pseudo-microrrelato”. Afortunadamente, voces disonantes de la que llamo la

“Escuela Francesa” ha concedido a mi MICRORRELATO, con una bella metáfora, la

condición, sino de un título-texto, sí de un “título-diapasón”, que iniciaría con una nota la

melodía que el propio lector debería componer. La “Escuela Alemana” enseguida tuvo un

sarcasmo con que apostillar contra la tesis de la “Escuela Francesa”: que, en ese supuesto, el

mérito no sería mío sino del lector, y que habría que imprimir tantos textos como lectores

debajo de aquel “título”. Consciente de que la polémica estába tomando tintes xenófobos, hube

de implicarme y tomar expresamente partido por la tesis de la “Escuela Francesa”. Y me alegra

haber descubierto, a través de la tesis de esta Escuela, la virtud que ha hecho de mi microrrelato

un texto tan popular, difundido, incluso imitado: este microrrelato empatiza con el lector, le

permite la catarsis de descargar mentalmente su ira contra los violadores y regodearse en una

pena con recurrencia y variaciones sin fin”.

 

 

2º texto:  Fragmento de Hasta que la boda nos separe, comedia tributo a Ramón Gómez de al Serna.

Las greguerías puestas en boca de Ramón Gómez de la Serna son originales del autor de este texto dramático.

El fragmento puede citase total o parcialmente mencionando la procedencia.

 © Editorial KRK y el autor. 2ª edición.

 

“(Suena el carillón del reloj de pared: da las nueve. Entonces RAMÓN se percata de algo. Cierra la ventana.)

 

RAMÓN.- ¡Se me había ido el santo al Cielo! ¡Rápido, Natasha, tenemos que salir ahora mismo! 

NATASHA.- ¡Estupendo! ¡A la calle! Cogeré los paraguas.

RAMÓN.- No hace falta. Salimos, pero en la radio (señala el micrófono de “Unión Radio” que se encuentra en el centro de la mesa de camilla).

NATASHA.- ¿Yo también?

RAMÓN.- Tú la primera: serás la locutora.

NATASHA.- (Aterrada.) ¡Pero no tengo guión!

RAMÓN.- No hay tiempo para guiones. El guión está…¡En tu propia maleta! ¡Eso es! De esta manera da “Ramón” las conferencias: glosando cualquier objeto, cualquiera sirve, pues todos tienen algo insospechado que ocultan en su alma. (RAMÓN coloca la maleta de NATASHA en la mesa de camilla. Se sientan los dos entorno al precario estudio radiofónico). ¿Preparada, Señorita locutora?

NATASHA.- ¡Qué remedio! ¡Musa, inspírate a ti misma!

RAMÓN.- (Riendo) Atención, que enciendo el micrófono… ¡Volamos ya!

NATASHA.- Buenas tardes, amigos radioescuchas. Bienvenido a la Radio, “Ramón”.

RAMÓN.- Gracias. Siento haberles hecho esperar: me he dormido. Un relojero suizo me construyó un curioso despertador que, en lugar de la alarma estridente que despierta con sobresaltos, toca una nana con un dulce carillón. A este artefacto debo el saludable estado de mi corazón, pero a cambio me hace llegar tarde a todas las entrevistas de mi vida.

            NATASHA.- Ramón,  ¿Se acuerda de su primera greguería?

            RAMÓN.- ¡Cómo no! Mi propio nombre y firma: “RAMÓN”. Aprovecho la oportunidad que me brinda el micrófono para revelar un secreto sobre mi rúbrica. Se ha dicho que era simplista y hasta castiza. La verdad es todo lo contrario, pues si se rompe el huevo trucado de ilusionista que es mi nombre, son dos los que aparecen, y de lo más exóticos: RA y AMÓN, los nombres de los dioses egipcios del sol.

NATASHA.- Veo que ha traído la maleta de sus conferencias

            RAMÓN.- (Que abre la maleta de NATASHA y saca, al azar, una prenda de lencería femenina.). No. Ésta no es mi maleta. Alguna elegante señorita y yo hemos debido confundir los equipajes. El caso es que la maleta que tengo ante mí está llena de cosas que no deben citarse en público.

NATASHA.- ¡Qué lástima!

RAMÓN.-(Apartando la maleta y alcanzando un diccionario) No se preocupe: podemos solucionarlo con un diccionario, que al fin y a al cabo también es una maleta, una maleta donde caben todas las cosas imaginables, pues van todas perfectamente planchadas en sus veinte y pico departamentos.

NATASHA.- ¡Buena idea!

RAMÓN.- Necesito su colaboración.

NATASHA.- Será un placer.

RAMÓN.- Conforme usted vaya sacando una a una "cosas” de esta singular maleta, iré glosándolas a mi antojo. Sólo una advertencia: No se deje embaucar por el diccionario. El diccionario es como esos vendedores sin escrúpulos que venden abrigos a los clientes que sólo han salido a comprar un pañuelo. Le pondré un ejemplo: si busca en el diccionario “pioneumotórax”, antes curioseará en “pionefrosis” y pioneumopericardio”, de forma que al final olvidará consultar la palabra en cuestión.

NATASHA.- Gracias por el aviso: las sacaré al azar.

RAMÓN.- ¡Espere! Veo que este libro es de los que se abre siempre por la misma página. Cuando un libro se abre siempre por la misma página, es que tiene algo importante que decirnos. Veamos el mensaje.

NATASHA.- “Dios”.

RAMÓN.- Debí imaginarlo. Es la primera palabra. La que principió todas las demás. Podemos, pues, empezar.

NATASHA.- Estoy deseando.

RAMÓN.- Un momento. ¿No echa en falta una cosa?

NATASHA.- Usted dirá.

RAMÓN.- El vaso de agua. Un conferenciante no es conferenciante sin el vaso de agua. Sólo hay un conferenciante que no bebe agua.

NATASHA.- ¿Quién?

RAMÓN.- El borracho. (Ramón se alcanza un vaso de agua) Ahora voy a demostrar cuál es el momento de máxima atención en la conferencia (Bebe unos sorbos de agua).

NATASHA.- ¿Cuál es ese momento?

RAMÓN.- Cuando el orador bebe unos sorbos de agua.

NATASHA.- ¿Podemos, pues, empezar?

RAMÓN.- ¡Adelante!

NATASHA.- Muy bien, ahí va la primera: “Cubismo”.

            RAMÓN.- El Cubismo es el arte de hacer mal los puzles. Es pintar balalaicas donde habría guitarras. Es retratar con espejos rotos.

            NATASHA.- “Payaso”.

            RAMÓN.- El payaso gusta tanto a los niños porque tiene cara de tarta y nariz de guinda. Él mismo es un niño que se ha puesto la ropa de su papá y el maquillaje de su mamá. O quizás le quede grande la ropa porque dio al sastre las medidas del alma. Todos los niños debutan como payasos al comer el primer helado.

            NATASHA.-“ Torre”.

            RAMÓN.- De todas las torres, la más famosa es la “Torre Eiffel”, único caso arquitectónico en que el monumento es el andamio y no el edificio. Enorme caballete que sostiene el gran cuadro de París, a la torre Eiffel le deberían dar al menos una mano de pintura, pues el día que se oxide y se caiga, caerá también el paisaje de París…Y si la “Torre Eiffel” está hecha de andamios, el más difícil todavía es la torre humana, hecha con los mismos albañiles… A las torres también les pueden afectar las huelgas, como a la “Torre de Babel”. La primera huelga de la construcción fue la de la “Torre de Babel”; el patrón y los obreros intentaron llegar a un acuerdo, pero hablaban lenguas distintas…La torre más curiosa es la “Torre de Pisa”, empeñada en prescindir de las escaleras, pues cada vez se inclina más y más y llegará un día en que se pueda subir al piso de arriba sólo con levantar el pie. La “Torre de Pisa” es la única torre que, en lugar de elevarse, desciende”. “La Torre de Pisa” es una torre que nació para el turismo, y ella lo sabe y posa con afectación para los turistas. ¡Que no enderecen nunca la “Torre de Pisa”, o se acabará en Pisa el turismo!

            NATASHA.- “Litera”.

            RAMÓN.- No me gustan las literas. No me gusta que me plagien los sueños.

            NATASHA.- “Molino”.

            RAMÓN.- El molino detenido es un molino pensativo. El molino tiene el abanico roto. La pared del molino está blanqueada con harina.

            NATASHA.- “Palabra”.

            RAMÓN.- Con mucho gusto diré unas palabras sobre la palabra, que es la señora que me mantiene. No me declararé partidario del Nominalismo, pero hay que entender que a las cosas también les gustaría tener un nombre idóneo que no desentonara con su forma de ser. Hay pocas palabras que han tenido la suerte de un nombre a la medida. Palabras como “columna”, que es una palabra maciza y compacta como la piedra. “Asfixia”, cuya equis amenaza con asfixiarnos. “Almohada”, que es gracias a la hache la palabra más mullida del diccionario. “Prestidigitación”, que es ella misma un malabarismo de palabra. O “¡socorro!”, que tiene oes de salvavidas. Otras palabras fueron hechas con la mala intención de que dudemos. ¿Para qué sirven las voces “estalactita” y “estalagmita”?: Para que dudemos. Tengo la sospecha de que han sido acuñadas por una conocida casa editora de diccionarios.

NATASHA.- “Afilador”.

            RAMÓN.- El oficio de afilador es sólo un pretexto para tocar la siringa. Afilar cuchillos consiste en frenar una rueda de locomotora, produciendo chispas y estridencias. El afilador es feliz pero pobre, y no hará un solo kilómetro hasta que no amortice la bicicleta.

            NATASHA.- “Violín, violón, violoncelo”.

            RAMÓN.- Este terceto me suena a velatorio: el violín llorando, el violoncelo rezando y el violón lamentándose. Los tres tienen algo de ataúd. Los tres son plañideras en cuyo rostro resbalan dos lagrimones en ese.

            NATASHA.- “Ecuador”.

            RAMÓN.- El Ecuador es la faja que le da el calorcito a la Tierra. Lo que más le fastidia al Ecuador es confundirlo con los meridianos y paralelos, que son los husos que le quedaron marcados al Mundo cuando El Creador lo bendijo.

            NATASHA.- “Zoológico”.

            RAMÓN.- Se llama zoológico y debería llamarse “zoo-ilógico”, pues su naturaleza se encuentra en estado antinatural. Los animales que nacen en los zoológicos creen que el mundo es sólo un decorado pintado en cuaderno de rayas. Y los niños que visitan los zoológicos creen que los tigres y las cebras tienen rayas por tomar el sol tras las rejas.

            NATASHA.- “Mujer”.

            RAMÓN.- Al oír esa palabra me ha dado un vuelco al corazón. No sé por donde empezar. Intentaré ser breve… La mujer es la única obra de arte que se retoca a sí misma, la única flor que cambia de perfume. La mujer es como la luna, que cuanto más se esconde más la miran, y hasta cuando no está todos señalan donde no está… Hay mujeres lánguidas con pamela de ala caída. Mujeres tímidas que se tapan la cara con celosía de mantilla. Mujeres de cutis delicado que se abanican con “pai-pais” de seda. Mujeres con peineta que parecen guitarras. Mujeres rubias con boina roja que vuelven a ser colegialas. Mujeres japonesas que se hacen el moño con agujas de punto. Mujeres trapecistas, que son las bellezas más inalcanzables. Y mujeres en traje de novia, que tienen por un día la sombra blanca.

            NATASHA.- “Eternidad”.

            RAMÓN.- En la Eternidad hay crucigramas de mil palabras, los relojes tienen mil horas. En la Eternidad el aburrido en la Tierra será un aburrido eterno y el divertido conocerá el divertimento eterno, por eso hay que prepararse en esta vida: el que ría al principio reirá también al final, y siempre, por los siglos de los siglos.

            NATASHA.- (Riendo) ¡Vaya sermón!

RAMÓN.- Quiero decir que ya en el “más acá” hay que vivir pensando en el “Mas Allá”

NATASHA.- ¿Por favor, me podría indicar cómo se va al “Más allá”?

RAMÓN.- Sí, faltaría más… Pues siguiendo la dirección que marcan las agujas de las catedrales góticas, auténticas flechas direccionales al Más Allá. Pero es un camino muy largo, y los indicadores kilométricos dicen siempre lo mismo: “más allá, todavía más allá”. Casi es mejor que le indique otro camino. El camino más seguro es seguir los tubos de los órganos catedralicios, pues en esos tubos nacen las tuberías del “Otro Mundo”. Pero llega un momento en que se acaba el tubo, y para seguir subiendo se necesita algo más…

NATASHA.- ¿Qué?

RAMÓN.- Unas alitas de ángel.

            NATASHA.- “Ballet”.

RAMÓN.- El ballet es el arte de volar en el suelo. Cuando la primera bailarina hace el número solista convierte la escena en una caja de música. El clímax del ballet es cuando la bailarina está a punto de transformarse en muñeca.

            NATASHA.-¿Y qué se lo impide?

            RAMÓN.- El anillo de prometida.

            NATASHA.- “Reloj”.

            RAMÓN.- El reloj palaciego detesta la sincronía con el plebeyo, por eso se atrasa o adelanta… El reloj más puntual es el Big-Ben, especializado en dar la hora del té… El reloj más curioso es el reloj de cuco,  reloj que parece la máquina de fotos con el pajarito incorporado, sacándonos la instantánea de cada hora, de modo que si las revelásemos tendríamos la película de toda nuestra vida… El reloj más sencillo es el de sol, aunque probablemente los ingleses lo llamen “de sombra”; el único inconveniente es que cuando se nubla el cielo, hay que llevarlo al relojero… Una vez tuve un reloj de bolsillo. Lo llevaba en el bolsillo de la chaqueta, pegadito a mi pecho, así que hizo amistad con mi corazón y se convirtió en su confidente. Cuando estaba enamorado, contagiado por el corazón, el reloj se adelantaba;  y en mis ratos de melancolía, se atrasaba. El reloj de bolsillo tiene la ventaja de que  no se lo deja uno nunca olvidado, pero el inconveniente de que se lo puede confundir con una moneda. Mi pobre reloj tuvo un triste final.

            NATASHA.- ¿Pues qué le pasó?

            RAMÓN.- Se me cayó en una copa de coñac y se embriagó, convirtiéndose en una brújula.

            NATASHA.- ¡Bravo! Ramón, usted no es un escritor: es una fábrica de greguerías.

            RAMÓN.- Sí, una fábrica con chimenea de pipa.

            NATASHA.- ¿Cómo llegó a la greguería?

            RAMÓN.- Como se llega a los descubrimientos salvadores de la humanidad: por urgente necesidad. Fue un agosto pesado y aburrido como el fondo abisal marino. Se había extendido por Madrid una epidemia de aburrimiento. Viendo la gravedad de la situación tuve que visitar casa por casa para  prescribir el remedio.

            NATASHA.- ¿En qué consistió?

            RAMÓN.- Simplemente les descubrí que la cosas no son aburridas, sino uno mismo, debido a su actitud aburrida y sosa. Un oficinista se quejaba de estar cansado del sifón, y yo le hice ver que de lo que estaba cansado era de decir siempre “sifón”. Le hice una demostración pidiendo al camarero que nos trajese “ese grifo emancipado y con negocio propio”. El sifón se sintió tan halagado que nos sirvió el soda con un extra de burbujas. Ese día brindamos con agua carbónica para celebrar el descubrimiento de la greguería.

            NATASHA.- ¿Se podría decir que el agua del sifón es un agua fresquita que hierve?

            RAMÓN.- Pero no lo pregunte: ¡Afírmelo!, y habrá comprendido lo que es una greguería. La greguería es la afirmación que nace del optimismo. La greguería es un capotazo de verónica a la seriedad senil del mundo. Es proveerse de puntos suspensivos en las copas de champán. Es abotonarse con cuidado la camisa por temor a un descarrilamiento de botones. Es preguntarse qué peluquero le cortó al toldo tan primorosamente el flequillo. Es conquistar el corazón de una florista atreviéndose a regalarle flores. Es sospechar que todo es mentira menos el calendario. Es asomarse a un tríptico gótico como a una ventana que da al pasado. Es viajar a la Acrópolis en busca de pisapapeles. Es doblar las sábanas con el rito de una antigua liturgia,  podar los rosales como si se les hiciera la manicura, limpiar los zapatos de charol con plumero. Es regañar a un loro por burlarse de las palabras. Es consolarse pensando que el anillo colado por el desagüe del lavabo ha acabado en los dedos de una sirena. Es explicar un misterio con un nuevo misterio más profundo.

NATASHA.-¿A qué se refiere?

RAMÓN.- ¿Para qué cree que los fotógrafos se ocultan bajo el faldón negro?

NATASHA.- ¿Lo sabe usted?

RAMÓN.- Para dibujar la foto.

            NATASHA.- No lo hubiera imaginado.

            RAMÓN.- ¿De qué cree que viven los traperos?

            NATASHA.- ¿De algún negocio turbio?

            RAMÓN.- De lo que encuentran en el fondo de los sillones.

            NATASHA.- Es sorprendente.

            RAMÓN.- “Sorpréndete a ti mismo”. Éste debería ser el verdadero lema. Pues en conocerse a sí mismo tarda uno poco, y en el mismo momento comienza uno a aburrirse (RAMÓN le hace a NATASHA señas de que deben terminar ahí la entrevista).

            NATASHA.- “Ramón”, desgraciadamente se nos acabó el tiempo. Ponga usted el broche final con la última greguería.

            RAMÓN.- La acabo de escribir en el vaho del espejo cuando me bañaba para salir en la radio.

            NATASHA.- Queridos oyentes, es “Ramón” en las ondas para toda España.

RAMÓN.- “La emisora más difícil de sintonizar es el agua templada de la ducha”.

 

(NATASHA aplaude con entusiasmo).

 

TELÓN

FIN DEL ACTO PRIMERO”.

 

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