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RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ, Carlos Manuel


 

RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ, Carlos Manuel

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Nació en Santa Cruz de La Palma (Isla de La Palma) el 9 de julio de 1969. Reside en Tenerife desde al año 96 donde se licenció en Bellas Artes por la Universidad de La Laguna. Es creativo, diseñador gráfico e ilustrador de profesión.



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 NARRATIVA:

La ilustrada historia del niño caraculo (2008).



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Varios en el ámbito del diseño.



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Se podría encajar dentro de la literatura del límite (según acuñó Auden). Un libro que recoge dos expresiones de una misma historia: la narrativa y la ilustrada. Ironía y humor sobre lo escatológico son herramientas para expresar lo íntimo y conducir a una meditación más profunda de lo que se pone como primera instancia lectora.



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La barba, esa pelusilla de la pubertad.

Aquello que a los trece años era todo suavidad y cosquilleo, se convertiría en aspereza y picor con el paso del tiempo. Las niñas adolescentes de su edad lo querían con extraña pasión, con la pasión que un niño se abraza a su muñeco de peluche. Su aspecto era el de una bola peluda, al tacto era como acariciar el ante, a la vista era como ver a un niño lobo, como aquellos niños mejicanos del circo de finales del siglo XIX o principios del XX. El 18 de agosto, cuando tenía 15 años se afeitó por primera vez, a causa del calor y del inconveniente a la hora de comer, sobretodo la sopa, ya que los pelos terminaban por introducirse en su boca-orificio junto con la cuchara.
Al poco tiempo empezó a ser rechazado por sus amigas, ya que el osito de peluche se había estropeado. Era un papel de lija de grano medio.
Los días de afeitado eran un auténtico calvario. Sufría un enorme escozor a la hora del alter-save. Para evitar la irritación de la piel, tuvo que buscar en el mercado lociones sin alcohol. Aún así, las chapitas coloradas no se le quitaban fácilmente.
Un día, por televisión, vio un anuncio de Corporación Demonioestética sobre la depilación láser. Acudió a dicho centro donde, raramente, le aconsejaron que no se hiciese dicho tratamiento depilatorio, porque para cuando terminase, ya tendría canas. Entonces optó por hacerse la cera en la cara. Se hizo la brasileña, por lo que volvió a tener de vez en cuando samba en su vida, amén de algún pelo enconado que otro.

(De La ilustrada historia del niño caraculo, 2008).



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[Ficha elaborada por Manuela Mammino]