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PÉREZ ANTOLÍN, Mario


 

PÉREZ ANTOLÍN, Mario

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Nacido en Backnang (Alemania) el 3 de noviembre de 1964. Reside en la actualidad en Ávila. Licenciado en Geografía por la Universidad de Valladolid, fue profesor de Educación Secundaria, Técnico Superior de Estadística y Estudios Agrarios de la Junta de Castilla y León. Ha coordinado proyectos de cooperación internacional e impartido conferencias y seminarios en Centroamérica y África.

Ha publicado diversos estudios, comunicaciones y artículos relacionado con el análisis económico, sociopolítico y medioambiental. Su obra poética y aforística ha sido incluida en numerosas antologías y es autor de cuatro libros que han merecido los elogios unánimes de la crítica, sobre todo los dos primeros volúmenes (Profanación del poder y La más cruel de las certezas) de su trilogía aforística. Es uno de los responsables del resurgir de este género literario en España durante los últimos años. Cabe destacar, como el rasgo más sobresaliente de su escritura, la perfecta combinación de un pensamiento complejo capaz de emocionar y de un lirismo metafísico capaz de reflexionar.  Como poeta, la crítica lo considera uno de los representantes más sobresalientes de la llamada lírica meditativa o del pensamiento, aunque con un estilo marcadamente expresionista en sus imágenes y metáforas.

 

 

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POESÍA

2007: Semántica secreta.

2010: Yo eres tú. Poesía 1985-2007.

2016: De nadie.

2016: Esta ínfima parte del infinito.

 

AFORISMOS

2011: Profanación del poder.

2013: La más cruel de las certezas.

2015: Oscura Lucidez.

 

COLABORACIONES EN ANTOLOGÍAS

20013: Poesía en Ávila. Cuatro calas en la misma. 

2006: El pájaro solitario.

2008: El huerto magnífico de todos. XI encuentro de poetas iberoamericanos. 

2009: El mismo azul.

2009: Luz en los balcones.

2013: Sentados o de pie, 9 poetas en su sitio.

2013: Pensar por lo breve. Aforística española de entresiglos. Antología 1980-2012.

2015: Aforistas españoles vivos.

2016: Aforismos contantes y sonantes. 

2016: Pasión micrófila.

2016: Me gusta la Navidad.

2017: Poesía en vivo.

2017: Verdad y media. 

 

 

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«José Luis Puerto da algunas de las claves de la poesía del autor en el prólogo de Yo eres tú: “Porque, al fin y al cabo, lo que rezuma por todos los poros de la poesía de Mario Pérez Antolín es un fuerte olor a existencia. Hay en ella una raigambre existencial, ya sea cuando el poeta habla desde su propia voz, o cuando asume otras voces para hablar del ser y del mundo. Una raigambre existencial como la que podemos advertir en César Vallejo, en Blas de Otero y en otros poetas que parten del existir para articular su canto. Pero es una raigambre existencial con sus propias claves”.  “Retóricas, las justas. Pero es que, dentro de esa sobriedad expresiva, en la poesía de Mario Pérez Antolín, late una suerte de secreta vida de las imágenes (tomo el hermoso sintagma del poeta portugués Al Berto). Las imágenes se esparcen por aquí y por allá y, en ocasiones, nos estallan con su fulgor”. “Mario Pérez Antolín aborda la escritura poética desde un clasicismo contenido, de estirpe muy contemporánea. Los poemas son, por lo general, breves, sin excluir –cuando el autor lo estima conveniente- el uso de la prosa. Su decir es un decir muy sobrio, que, al tiempo, está combinado con la claridad. Se destierra todo hermetismo, pues la elección del poeta –ya nos lo indica en la cita inicial de Blas de Otero, que, al aparecer al principio del libro, funciona como un lema- es situarse a ras del suelo (“en tierra”) para hablar siempre de lo humano (“humanamente”). Y esta elección –dentro de ese debate, no tan estéril como pudiera parecer, entre claridad u oscuridad, en el decir poético- nos sitúa a Mario Pérez Antolín en lo que ha dado en llamarse la línea clara. Pero, sobre todo, el decir lírico de Mario Pérez Antolín es un decir muy castellano, basado en la claridad, la sobriedad, la concisión, así como en una vibración muy limpia y nítida de la palabra. Es un decir que no se anda por las ramas, que va siempre al grano, al meollo de la sustancia emotiva, de la que brota siempre el lirismo poético. Retóricas, las justas, parece estar diciéndonos el poeta a través de sus versos”.

Esto es lo que Eugenio Trías opina del libro Profanación del poder: "Está lleno de chispazos de inteligencia y sabiduría que acreditan el oficio del que escribe... Texto en el que se alternan percepciones atinadas, críticas, del mundo en que vivimos, el mundo de este inicio de milenio, posterior al grande y terrible evento de las "Torres Gemelas", con reflexiones propias de una mentalidad y de una sensibilidad humanista, con buen conocimiento de la historia, del arte y de las tradiciones morales. La lectura es apasionante, los aforismos disparan sus luminarias, alternándose de manera rítmica y acompasada los más extensos y los más intensos, el formato específico del aforismo nietzscheano, que es un ensayo en miniatura, con la saeta, la máxima, el epigrama. Hay también auténticos pequeños poemas en prosa. El autor conoce bien las tradiciones aforísticas y se abre camino con competencia, nobleza y sentido de la medida. He disfrutando leyendo estas páginas. Cuando se comienzan es difícil desprenderse de ellas."

Por su parte, Victoria Camps dice lo siguiente en el prólogo del libro La más cruel de las certezas: “Entre la filosofía y la poesía, Pérez Antolín muestra con su escritura que el pensamiento es capaz de emocionar al dejar de ser ese discurso árido que sólo sabe enlazar abstracciones y nos distancia del mundo”».

 

 

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Dirás

Llegará la noche y dirás que aún la tarde declina.
Llegará el invierno y dirás que aún el sol calienta.
Llegará la vejez y dirás que aún el cuerpo aguanta.
Llegará el desamor y dirás que aún mis caricias te excitan.
Porque la noche no quema, ni el invierno abrasa,
ni la vejez duele, ni el desamor taladra.
Sólo cuando llegue la muerte dirás que la muerte ha llegado.

 

Sadhu

Siento crecer la hierba
y girar la Tierra.
Percibo la erosión de los glaciares
y el retroceso de los acantilados.
Los terremotos me sacuden
las membranas del espíritu.
Soy capaz de ver la trayectoria de una bala
y el aleteo de una libélula.
Presiento las tormentas
y descifro el enigma cuántico del sufrimiento.
¿Que cómo he conseguido esta habilidad?
Es muy fácil;
basta con cerrar los ojos,
tumbarse en un lecho,
prescindir del mundo,
refugiarse en el ser
y dejarse arrastrar por el tiempo hasta la nada.

 


Un desorden generalizado precede al alumbramiento de las nuevas ideas. Antes de entrar en competencia con los dioses hay que poner patas arriba todos los sistemas, verificar todas las pruebas, desmontar las hipótesis, invertir los procedimientos y, cuando quede únicamente la luz vacía de lo absoluto, dejarse cegar durante unos instantes. Después basta abrir los ojos a la evidencia.

 


El mestizaje resulta igual de embriagador que la pureza cuando adquiere la simplicidad de los hechos inevitables. Los diseños estrafalarios pueden convertirse en eficaces estrategias de adaptación durante las situaciones de emergencia, siempre que aseguren la viabilidad del organismo y neutralicen las interferencias endógenas; por esta razón, nuestra continuidad está asegurada, con tal de que asumamos que tarde o temprano nos convertiremos en otra cosa.

 


Las ansias de libertad y de justicia en la España contemporánea siempre han chocado con el mismo escollo. Cuando no eran los pronunciamientos militares, eran las diatribas desde el púlpito. Y no pocas veces, a estas dos fuerzas reaccionarias se unían, como colaboradora necesaria, una monarquía intransigente y, como instigadores, unos políticos corruptos. Estamos en un país de restauraciones, donde hasta los partidarios más vehementes de la revolución acaban traicionándola.

 

 

Lo más terrible es que no hace falta ser un depravado para violar mujeres, secuestrar niños y arrasar aldeas. En la guerra basta con recibir el adiestramiento necesario y ponerse en situación; entonces un anodino oficinista de los Balcanes, un simpático mecánico de Oklahoma o un laborioso campesino de Uganda es capaz de hacer lo que jamás creyó que podría haber hecho.

 

 

Puestos a elegir uno de los muchos sarcasmos con que el destino se mofa de nosotros, me quedo con el caso de José Asunción Silva. A este insigne poeta solo le quedaban de su en otro tiempo boyante patrimonio diez pesos en la cartera antes de pegarse un tiro en el corazón (un médico le pintó en el pecho el lugar exacto de esta víscera para que no fallara) allá por el año 1896. Y ahora son miles los billetes que llevan su efigie impresa por todos los rincones de Colombia.

 

 

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