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PAEZ MAÑÁ, Enrique


 

PAEZ MAÑÁ, Enrique

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Enrique Páez nació en Madrid el 17 de marzo de 1955. Licenciado en Literatura Hispánica y dos años de doctorado en Teoría de la Literatura por la Universidad Complutense de Madrid. Además de escritor, ha trabajado como editor y profesor de Lengua, Literatura y Creación literaria en Madrid y Nueva York (primaria, secundaria y universidad). Actualmente vive en Tenerife, coordina la Red Internacional de Cuentacuentos (RIC) / International Storytelling Network.
Recibió el Premio Lazarillo de narrativa en 1991 por la novela Devuélveme el anillo, pelo cepillo. Después publicó Abdel, El club del camaleón, Un secuestro de película, Renata y el mago Pintón, y La olimpiada de los animales, todas ellas dentro de la literatura infantil y juvenil. Ha sido traducido a nueve lenguas, y de sus libros se han vendido ya más de medio millón de ejemplares. Su libro teórico Escribir. Manual de técnicas narrativas, (Ed. SM y Círculo de Lectores, 2003-2010), es un referente en los estudios de creación literaria. Desde 1993 dirige el Taller de Escritura Enrique Páez con 15 antologías de relatos publicadas.

 


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- NARRATIVA:

Devuélveme el anillo, pelo cepillo (1992).
El club del Camaleón (1994).
Abdel (1994).
Un secuestro de película (1995).
Renata y el mago Pintón (1996).
La olimpiada de los animales (2001).

Cuatro muertes para Lidia (2012).

- LIBROS DEL TALLER DE ESCRITURA (ANTOLOGÍAS PUBLICADAS):

Historias para adultos imperfectos (1994).
Cuentos por asalto (1995).
Casi todo es cuento (1996).
Bajo los adoquines (1997).
Mareas y laberintos (1998).
Ruido de fondo (1999).
Festín de amotinados (2000).
Vino un chino y nos vendió un mechero (2001).
Nada normal (2002).
Leí el diario de un extraño (2003).
El día en que nos dimos cuenta de todo (2004).
Cartílagos de tiburón (2005).
Gotas de mercurio (2006).
Mentira cochina (2007).
Con sabor a Sugus. 15 años del Taller de Escritura de Madrid (2008).

- LIBROS DE TEORÍA Y CRÍTICA LITERARIA:

Escribir. Manual de técnicas narrativas (2001).
Mester: Lengua y literatura Libros de texto de 1º, 2º, 3º y 4º de Educación Secundaria Obligatoria (1998).
Recursos didácticos de Mester 1º, 2º, 3º y 4º de Educación Secundaria Obligatoria, Lengua y Literatura (1998).
Contexto: Lengua y literatura Libros de texto de 1º y 2º de Bachillerato (2000).
Recursos didácticos de Contexto 1º y 2º de Bachillerato, Lengua y Literatura (2000).

 


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1991: Premio Lazarillo de Creación Literaria por Devuélveme el anillo, pelo Cepillo.

1993: Lista de Honor de la CCEI por Devuélveme el anillo, pelo Cepillo.

1996: Lista de Honor de la CCEI por Un secuestro de película.

1997: Lista de Honor de la CCEI por Renata y el mago Pintón.

2005: Placa de Plata SM por 100.000 ejemplares vendidos de Abdel.

 


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El escritor, afortunadamente, es (o pretende o debería ser) un ser libre al que nadie le dicta lo que debe decir. Esta premisa no se cumple en todas las épocas ni en todas las partes del mundo, pero es sin duda la primera conquista que debe llevarse a cabo. La libertad de expresión no puede ser negociable. Hasta ahí todos estamos de acuerdo. El primer compromiso de un escritor tiene que ver directamente con la independencia, honestidad, sinceridad y calidad de la escritura. Es una primera e ineludible postura ética. Sin ese objetivo, todos los demás están de sobra.
Pero el escritor también es una persona que vive en el mundo, en este mundo, y tiene algunas responsabilidades sobre las que debería reflexionar: su voz es una voz pública, que en mayor o menos medida influye en su entorno. Si tiene libertad para escribir, es un privilegiado cultural y social. No todos tienen la instrucción, la sensibilidad y la audiencia necesaria como para hacer valer sus derechos. Son un ejército innumerable de los sin voz. ¿Quién habla por ellos? Ningún autor está obligado a defender a las mujeres afganas, a los desaparecidos, a los presos, a los inmigrantes sin papeles, a los derrotados o a los secuestrados. Pero si ninguno lo hace, porque a ninguno le parezca necesario hacerlo, con la omisión permanente se estará colaborando en la construcción de una sociedad definitivamente injusta y dehumanizada. Si hay un tiempo para la risa, y hay un tiempo para las lágrimas, también hay un tiempo para la solidaridad.
No se le puede pedir a nadie que escriba una historia sobre la degradación del medio ambiente, los niños abandonados o el conflicto palestino si esa preocupación no está firmemente asentada en su interior. La impostura ética de un autor que escribe sin auténtica convicción para "quedar bien" ante los lectores es una forma extrema de hipocresía. Pero si la escritura supone un ahondamiento sincero en la esencia del hombre, será cuando menos extraño que a un escritor no le preocupe nada que no tenga que ver directamente consigo mismo.

(De Escribir. Manual de técnicas narrativas).

 


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Vivo en un cementerio, aunque no soy un muerto. Tampoco el enterrador. Soy un hijo del desierto escondido entre las tumbas de Marbella. Puede que la situación suene graciosa, pero no lo es en absoluto. Mi padre está en la cárcel. Yo soy menor de edad en un país extranjero, inmigrante ilegal, y sin documentos que me identifiquen. La policía me busca. Una banda de traficantes de droga me busca. Si alguno de ellos me encuentra estaremos perdidos, mi padre y yo.
[...] Nací en alguna parte del desierto, en una jaima o tienda de una caravana de tuaregs que se dirigía a Hauza, según me contaron muchas veces. Desciendo de una larga familia beréber, y mi padre, Yasir Muhbahar, era uno de los hombres más respetados de la tribu. Aquí, en cambio, no es nadie. Tal vez no debimos salir del Sáhara, por muy mal que nos fueran allí las cosas.
-La democracia europea es el paraíso de la libertad. Empezaremos una nueva vida en España -me dijo antes de emprender el viaje.
Ahora no opina lo mismo, claro. Los tuaregs no somos una raza de hombres libres, y no tenemos derechos en ningún lugar del mundo. Las fuerzas marroquíes nos han ido expulsando de la tierra, y ni en las dunas del desierto podemos cabalgar tranquilos.
Los tuaregs somos un pueblo nómada, y nos movemos de acá para allá con rebaños de ovejas y cabras. Vivimos en un mar de arena llamado Sáhara, en donde en lugar de islas hay pozos y oasis. Navegamos a lomos de caballos y camellos. Hay quienes nos llaman los hombres azules, porque los mantos teñidos con los que nos cubrimos del sol van coloreando nuestra piel poco a poco. Las fronteras, esas líneas de rayas y puntos que separan los países, no existen en la realidad. El Sáhara es un sólo desierto, una misma arena que no entiende de rayas ni de mapas.
La luz del desierto es caliente y cegadora. Los sirocos y las tormentas de arena se abaten sobre las caravanas, llegando a sepultar a caballos y camellos. Por las noches el frío cala en los huesos y agrieta el suelo. Hay siempre un silencio abrumador sólo roto por el viento y el roce de la arena. Es un silencio vivo y extenso, muy diferente al de este cementerio. Nos lavamos frotándonos la piel con arena, y cuando llueve bailamos con los brazos abiertos, dejándonos empapar por las breves gotas de agua que darán nuevos pastos a nuestro ganado. Me es difícil entender otra forma de vida. Echo de menos a mi padre, a Ben, a mi madre, y al horizonte de arena infinita que aparecía siempre detrás de cada duna.

(De Abdel).

 


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[Ficha elaborada por Manuela Mammino]