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VALDEÓN BLANCO, Julio


 

VALDEÓN BLANCO, Julio

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Nace en Valladolid, en 1976. Cursa estudios de bachillerato en el Instituto José Zorrilla, así como dos años de la licenciatura de Derecho por la Universidad de Valladolid, que abandonará para licenciarse en Historia por la misma Universidad. De la mano del por entonces director de El Mundo de Castilla y León, Félix Lázaro, en 1996 comienza una colaboración asidua en el periódico, que se prolonga hasta hoy. Como cronista literario practica la columna, la glosa parlamentaria, la semblanza, el reportaje y la entrevista.
Agitador del panorama cultural de la Comunidad, ha sido jurado de los premios Caja España de Cuentos, Crítica de Castilla y León, Jaime Gil de Biedma, Ateneo/ Ciudad de Valladolid de Novela; presentador del Festival de Cine Gay/Lésbico de Valladolid; conferenciante habitual y asiduo de tertulias y debates en radio y televisión. En la actualidad ha concluido su tercera novela Balada de la Mala Reputación y ultima otra, de corte detectivesco y género negro, titulada, provisionalmente, Desde el Infierno.


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-NARRATIVA:

Los Fuegos Rojos (1999).
El Fulgor y los Cuerpos (2002).
Balada de la Mala Reputación (inédita).


-OTROS:

La Soledad de un Mundo (1999). Junto a Antonio Colinas, Juan Manuel de Prada y otros.
La Melancolía del Plantador de Árboles (2001).
Relatos Deportivos (2002). Junto a Gustavo Martín Garzo, Gonzalo Suárez y otros.


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1999: finalista del Concurso Internacional de Cuentos Miguel de Unamuno.
1999: finalista del Premio Ateneo/Ciudad de Valladolid con Los Fuegos Rojos.
2003: homenaje de la Fundación Duques de Soria, durante los encuentros anuales de Literatura y Periodismo que ésta celebra en la localidad de Tordesillas.


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La incipiente obra de Julio Valdeón Blanco se caracteriza por la intención de estilo y la velocidad de una escritura ronca, crispada y violenta, incardinada en la tradición del barroco español, los cronistas estadounidenses y la influencia de la cultura popular. Francisco de Quevedo, Norman Mailer y Pablo Neruda figuran entre sus antecedentes, pero también Bob Dylan, Leonard Cohen o Tarantino. Se aprecia una progresiva depuración, así como una visión del mundo ajena a decrépitas cosmogonías y sistemas filosóficos. Propone una novela urbana, fotográfica, actual, frente a la proliferación de textos anclados en la mítica de un mundo rural totalmente caduco. El sexo, como antídoto contra la muerte, y la literatura, ejercida a punta de pistola, conforman el núcleo duro de su propuesta. Acaba de entregar su última novela.



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MEMORIA DE LOS HOMBRES LIBRES

Continúa la marea, el aluvión humano. Desde hace unos días las colas de los inmigrantes frente a la burocracia son anacondas. La legalización de un millón de personas debiéramos celebrarla con piscinas de champán. Ellos son nuestra última esperanza, no lo duden. En el fragor de un mundo interconectado, Europa será multicultural o no será. EEUU quiere ser Roma y los dragones asiáticos despiertan, cocodrilos enormes. Gringos, chinos, etc., no duermen nunca. Sus economías pueblan de fantasmas el sueño de nuestros ejecutivos y nuestros políticos. Por eso, por viejos, por decadentes, porque alguien ha de pagar las pensiones y evitar la quiebra del sistema social que disfrutamos, necesitamos del concurso ajeno. Es la ley de la oferta y la demanda. Eso, sin acudir a los argumentos morales. Al derecho de toda persona a la supervivencia. A la deuda de sangre que tenemos con tantos países empobrecidos. A la memoria de una ciudadanía, la española, que ha pasado los últimos 500 años poblando el mundo.
Frente a la legalización resta el odio. Refugiarse en el divino aislamiento equivale a inyectarse arsénico. "Un día / los caballos vivirán en las tabernas / y las hormigas furiosas / atacarán los cielos amarillos / que se refugian en los ojos de las vacas", cantó el poeta. Si queremos evitar el choque de civilizaciones, la invasión de los niños bomba, el holocausto de media humanidad por la otra media, debemos acogerlos. Quienes piensan que es posible vivir sin mezcla son los heraldos locos de un futuro imposible. Si cerramos fronteras habrá llegado el día de la iguana y la peste.
Curioseen junto a las colas de inmigrantes. Verán a mujeres que sueñan con llevar al colegio a sus hijos, a muchachos color corintio, aceituna, dorado; hijos del sol y de la luna. Contemplarán, sí, a los que nada tienen y todo lo merecen. A los que hasta hace dos días sufrieron la predación colonial. A los nietos de esclavos. A la raza de los hombres sin miedo. Ninguno suspira. Todos acuden orgullosos. Por conquistar el paraíso bailaron en los desiertos. Cortaron alambradas. Acudieron hasta los consulados, esos panales llenos de burócratas, zánganos e hijos de puta. Ningún obstáculo resultó suficiente. Vadearon a las mafias; hicieron mofa de los picoletos; nadaron entre tiburones. Como no son turistas ningún mal del viajero pudo quebrarlos. Saben que la Historia está de su lado. El siglo XXI tiene los ojos de obsidiana. Su corazón, mestizo, late para salvarnos.

(El Mundo, 11 de febrero de 2005).


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