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AGUADO FERNANDEZ, Jesus


 

AGUADO FERNANDEZ, Jesus

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Nació en Madrid en 1961, aunque se trasladó a Sevilla a los dos años de edad. Su nombre figura entre los más importantes de la poesía española actual, y muestra de ello es que muchos de sus poemas han aparecido en antologías italianas, portuguesas, inglesas, francesas... Además de poeta, es editor: dirige varias colecciones de poesía (MaRemoto, Puerta del Mar y El Bocado de Bárbara) y, por otro lado, gracias a su estancia de varios años en Benarés (India), ha editado antologías de poesía india (Antología de poesía devocional de la India, El vecino inquietante. Segunda antología de poesía devocional de la India, etc.).


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POESÍA
Primeros poemas del naufragio (1984).
Mi enemigo (1987).
Semillas para un cuerpo (en colaboración con Chantal Maillard) (1988).
Los amores imposibles (1990).
Libro de homenajes (1993).
El placer de las metamorfosis (1996). Antología.
El fugitivo (1998).
Piezas para un puzzle (1999).
Los poemas de Vikram Babu (2000).
La gorda y otros poemas (2000). Antología.
Lo que dices de mí (2002).
Heridas (2004).
La astucia del vacío. Cuadernos de Benarés: 1987-2004 (2005).
Algunos haikus (o no) desde la nada: ple.ga.bles (2007).
Verbos (2009)

 

 

 

 



 

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1990: Premio Hiperión con Los amores imposibles.

 


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Para llegar a ser buen poeta antes hay que haber aprendido a fugarse de muchas prisiones: la del Sentido, la de la Historia, la del Cuerpo, la de la Sociedad, la del Yo, la de la Ideología... Llámese uno conde de Montecristo o Fanto Fantini (por no citar sino dos de los innumerables ejemplos que nos ofrece la literatura), encontrar modos de escapar, fallos en el sistema represivo de la Realidad, es la tarea por antonomasia del poeta. Para ello debe desarrollar técnicas aparentemente inútiles (o que lo serían para los ciudadanos y las circunstancias normales de la vida) como hacer ganzúas, escalas, túneles, estudiar los sonidos, el ritmo de las olas o los turnos de los guardianes, mantenerse sicológica y físicamente en forma en condiciones precarias, etc. Mucho esfuerzo y sufrimientos inenarrables para ganar la libertad, que es un espacio antes que un derecho que cada cual tiene que hacerse por su cuenta. El buen poeta conoce el material del que están hechos los muros y las rejas, y los reta inventándose un modo nuevo de relacionarse con ellos. La Poesía hace tiempo que fue sobornada por los carceleros, es decir, que contribuye a extender las alambradas de espino y a barrer con haces de luz el perímetro del recinto. Por eso el buen poeta también desconfía de la Poesía y se niega a tener una poética, lo que sería tanto como ponerse a sí mismo los grilletes o a confesar un delito que no ha cometido. El buen poeta es un hábil fugitivo: una vez que se evade ya nada le puede atrapar. Pero una vez que se evade, ¿cómo seguir siendo poeta? Para ser un buen poeta hay que estar en tensión constante, revisando sin descanso los planes de fuga. Y una vez lograda la fuga, ¿cómo se puede recuperar esa concentración, ese supremo estado de atención (que calificaremos de poética para entendernos) sin la cual uno no es el que es ni penetra el ser de nada? Por eso el buen poeta se deja atrapar de nuevo una vez que consuma la fuga. Tanto si le devuelven a la vieja prisión como si construyen una distinta exclusivamente para él, el buen poeta comenzará desde cero a estudiar lo que le rodea: cualquier fisura, desajuste, falta de coordinación, error (en los sentimientos, en el lenguaje, en la interpretación de los hechos...) serán datos útiles que no se le pasarán por alto y que analizará meticulosamente.
Cada libro de poemas es un plan de fuga puesto en práctica para escapar de una cárcel diferente. El poeta que escribe siempre el mismo libro (aun si éste es genial en todos los sentidos) se limita a soñarse como poeta: no se atreve a poner en práctica su plan de fuga, no se atreve a asumirse en plenitud de riesgo y de aventura como poeta. Además, una vez publicado su plan, la Realidad, tomando buena nota del mismo, lo desactivará mejorando sus sistemas de vigilancia y multiplicando sus alarmas. Cuando uno escribe el mismo libro reiteradamente se está convirtiendo en su propio carcelero. Es igual que sea por miedo al afuera, o por desconfianza hacia las cosas o por lograr el favor de los guardias: no cabe duda de que su situación dentro mejorará (será nombrado bibliotecario o cocinero o tendrá horas extra de paseo por el patio), pero sus libros, inútiles ya para la tarea para la que fueron concebidos, se parecerán más a un manual de normas penitenciarias o al plano de una fortaleza que a un verdadero libro de poemas.
Para fugarse hay que ser sabio y paciente. Y volver en beneficio propio lo que se repite (la rutina burocrática del mundo) no repitiéndose uno sino en lo accesorio, en lo desechable, en aquello de lo que uno se desprende para aligerar el peso durante la fuga. Y, sobre todo, hacerse tan liviano que no haya huellas que rastrear. Cuando los perros aúllen enloquecidos y desconcertados en medio del bosque, qué placer esperarles de vuelta ya en cualquier celda.
(De http://lasafinidadeselectivas.blogspot.com/2006/12/jess-aguado.html)

 

 


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NO ESTÉS TRISTE MI AMOR...

No estés triste? mi amor?
y si lo estás?
que tu tristeza sea un modo de vengarte
de Dios y de las flores? de la alegría inútil
que debe ser la vida según ellos?
y no estés triste nunca
por las cosas que pasan o no pasan?
sino solo por esto: porque contempla la tristeza
desde lejos a Dios y a las flores y al tiempo
y nos lleva al lugar donde amar es posible.
(De Semillas para un cuerpo)


LECCIÓN DE METAFÍSICA

Lo que existe parece que no existe
porque tú lo has tocado ser adentro,
porque tú lo has tocado beso adentro
con la nerviosa lengua de la nada.

Me palpas con tus manos infinitas
(no son manos, lo sé, sino estallidos:
el tiempo que no llega nunca a tiempo,
un tiempo adelantado o retrasado
que acaba siendo mar o nebulosa)
y se borra mi cuerpo, y al borrarse
por fin se hace visible: un signo cero
suspendido en el aire entre nosotros.

Me piensas con tu boca y con tu sexo,
esos dos silogismos refutables,
esos dioses borrachos que han perdido
la pizarra o azar donde escribirme.

Y al pensarme me restas, me haces menos,
me deshaces, me viertes al vacío,
me entregas al no ser
y maniatado.

Parece que no existo por tu amor
porque tu amor me funda, es el origen,
ese punto o lugar donde está todo
(también lo que no está: tu ausencia: nada).

Tu cuerpo me hace náufrago, un islote
de repente ignorado por el cosmos,
meteorito tachado de los mapas,
nave sin un planeta al que volver
que fuera giro a giro di-sol-viéndose
en la luz cegadora del olvido.

Tu cuerpo hace que exista lo que existe:
tu cuerpo hace imposible lo que existe.

Lo que existe parece que no existe
porque tú lo has dejado sin besar.

Parece que no existes porque tienes
unos labios carnosos y unos dedos
que dibujan el mundo.

Nada y todo
se abrazan en tus piernas cuando salen
a respirar del fondo de tu mente.

Me piensas con tu nuca y con tu ombligo,
me piensas con tus huesos y tus músculos,
me piensas con las sillas de tu casa,
me piensas con el agua y el jabón,
me piensas con los árboles del bosque,
me piensas con tus heces y tus gritos,
me piensas no pensándome y, pensándome.

Me piensas, no me piensas: es lo mismo.

Por ti me piensa el tiempo y el espacio.

Me piensan las paredes de este cuarto,
me piensan con la cal y con las manchas,
me piensan con la sombra de mi cuerpo.
Y al pensarme me borran, ya no estoy
y ya no queda nadie en este cuarto.

El amor es un cuarto que no existe
donde duerme a resguardo lo que existe.

Y el amor es un cuarto que sí existe
donde duerme a resguardo lo que no.

(Un poema es un plano que refleja
el justo itinerario hasta ese cuarto.)

Me piensas con el ser, con el no ser,
me piensas con los números caídos
del portal de la casa donde vives,
me piensan tus jadeos, tus dos gatos,
el barro de las ruedas de tu coche,

me piensan tus palabras cuando callan
y ya no son palabras sino cuerpo,

me piensas cuando pienso en ti y el aire
se adensa entre nosotros y parece
un huracán inmóvil y desnudo.

Más allá de ti
nos piensa lo impensable
(y viene hacia nosotros
a la velocidad
de las arañas muertas
para hilarnos al no).

Busquemos el silencio para amarnos.
(De El fugitivo)


COMO EL BARCO DE ARENA...

Como el barco de arena
que, apenas toca el agua,
se deshace,
se desmorona, muere, se disuelve:
un puñado de tierra remontando ese río
caudaloso y potable de la nada.

Vikram Babu pregunta:
¿quién se embarca?
(De Los poemas de Vikram Babu)

 


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MARTÍNEZ INGLÉS, Txema, "El fugitivo" (reseña), en Hélice, núm. 11, 1998, pp. 79-80.

ROSO, Pedro, "Libro de homenajes, de Jesús Aguado", en Ínsula, núm. 577, 1995, pp. 20-21.

TAJÁN, Alfredo, "Los poemas de Vikram Babu" (reseña), en Hélice, núm. 15, 2000, pp. 62-64.

 


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http://amediavoz.com/aguado.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Jes%C3%BAs_Aguado
http://lasafinidadeselectivas.blogspot.com/2006/12/jess-aguado.html
http://www.poesiaspoemas.com/jesus-aguado

Textos:
http://www.hwebra.com/hwebra_2/html/aguado.htm
http://www.indicalibros.com/articulok.asp
http://www.poemasde.net/poemas-de-jesus-aguado/

Reseñas
http://www.bestcom.org/liberlect/articulodefondo-003.html (sobre Los poemas de Vikram Babu)
http://www.elcultural.es/HTML/20051006/Letras/LETRAS12841.asp (sobre Heridas)
http://www.lotofago.com/numeros/lotofago12/libros.htm (sobre Algunos haikus (o no) desde la nada: ple.ga.bles)

 

 


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diccionariodeautores@catedramdelibes.com


[Ficha elaborada por Francisco León Rivero]