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CELA CONDE, Camilo José


 

CELA CONDE, Camilo José

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Nace en Madrid en 1946. Se matricula en la Escuela de Ingenieros de Caminos en 1965, carrera que abandona cuatro años más tarde. En 1970 comienza a publicar artículos de opinión en la prensa (diario Última Hora de Mallorca; La Vanguardia de Barcelona; revista Triunfo). Licenciado (1975) y Doctor (1978) en Filosofía por la Universidad de Barcelona. Catedrático de la universidad de las Islas Baleares (UIB) en 1981. Su docencia la ha concentrado en la evolución humana y la filosofía de la mente. La investigación, dentro del Laboratorio de Sistemática humana de la UIB -que dirige desde su creación en 2001-, la ha abordado en colaboración con su mujer, Gisèle Marty, catedrática de Psicología del arte, e incluye aspectos de percepción estética, localización de funciones cerebrales y evolución humana. Fue elegido fellow de la American Association for the Advancement of Science (AAAS), en la sección de Biología en 1999. Ejerce funciones de editorialista en el Diario de Mallorca.


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- NARRATIVA:

Paisajes urbanos (1994).
A fuego lento (1995).
Words on Canvas (1996).
Como bestia que duerme (2003).
Telón de sombras (2005).


- ENSAYO:

Carlos Mensa. Crónica de una realidad tangente (1975).
Capitalismo y campesinado en la isla de Mallorca (1979).
De genes, dioses y tiranos (1985).
On Genes, Gods and Tyrants (1986).
Noam Chomsky, Una aproximación naturalista a la mente y al lenguaje (1998). Editor.
Senderos de la evolución humana (2001). Con Francisco Ayala.
La profecía de Darwin : del origen de la mente a la psicopatología (2005). Con Julio Sanjuán Arias.
La piedra que se volvió palabra : las claves evolutivas de la humanidad (2006). Con Francisco J. Ayala.

Hielos eternos. Un antropólogo en la Antártida (2009)

El origen de la idea. Galápagos tras Darwin (2011)

- OTROS:

El reto de los halcones. Antología de la prensa reaccionaria en la época de la "apertura" (1975).
¿Hay alguien delante? (1981). Libro de viajes.
Cela, mi padre (1989). Memorias.


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1995: Premio Reina Amalia por el poema “El encuentro”.
1999: Es nombrado fellow de la American Association for the Advancement of Science (AAAS), en la sección de Biología.
2002: Premio Fernando Quiñones de Novela por Como bestia que duerme.


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- "No concibo escribir acerca de algo que no conozca bien de primera mano. Pero los elementos que utilizo vienen a ser como los ladrillos que se van apilando. Salen todos ellos de vivencias directas y, sin embargo, el edificio que se construye no tiene nada que ver con la realidad. Mi novela no es en absoluto un documento, aunque lo que se cuenta de la mar y de la pesca es cierto casi en su totalidad. Los pulpos se mataban antes de un mordisco en los ojos, y yo lo he visto. Mentiría, sin embargo, si dijera que lo he hecho también.
Desde que leí la cacería de patos en el lago Mareotis que sale, creo recordar, en la primera novela del Cuarteto de Alejandría, Justine, de Lawrence Durrell, tengo veneración por las descripciones. Otra cosa es que la veneración se traduzca en eficacia."
(En Alejandro López Calzada, entrevista en Cuadernos del Sur, 3 de julio de 2003).

- "El mar puede llegar a ser algo muy duro, no sé si tanto como una guerra, porque jamás estuve en ninguna, pero no cabe duda de que es algo bárbaro y cruel. Yo descubrí ese mundo tan distinto y tan salvaje más bien tarde, con dieciséis años, pero desde entonces el mar ha sido para mí algo de una importancia que sería ridículo negar. Hasta que navegas en serio y te metes en apuros de los de verdad no llegas a conocer cuál es tu auténtico carácter, tu forma de ser más allá de convencionalismos y modales. Pero no querría dramatizar más de la cuenta; eso de navegar, y sobre todo a vela, es algo que te atrapa el alma en el mejor de los sentidos. ¿Si sirve como metáfora? Bueno, les sirvió a algunos de los novelistas que más me gustan, desde Poe a Jack London. Me parece muy claro que la mar es una fuente infinita de metáforas."
(En Sebastián Moreno, entrevista en Tiempo, 3 de febrero de 2003).


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CELA, MI PADRE (1989)

Mi padre me aseguraba que empecé a darle la lata en el mismo momento en que llegué al mundo, en el quirófano de una clínica del barrio de Argüelles, allá por la mitad de la calle de Quintana. La comadrona, momentos antes del parto, reprendió con severidad a Charo, mi madre, porque llevaba un camisón sin mangas y la melena con el pelo suelto, es decir, porque iba en plan indecente. Mi padre la mandó a la mierda y la sacó a patadas del cuarto, pero el médico, que era el de la Asociación de la Prensa y debía tener una gran conciencia de clase, se solidarizó con la buena señora y dijo que allí no nacía nadie en tan descocada forma. La cosa terminó bien gracias a otro médico amigo de mis padres, Luis Pérez del Río, para quien, por lo visto, el juramento hipocrático no contenía cláusulas de censura previa. Consiguió sacarme con el cordón umbilical dando vueltas alrededor de mi cuello, cosa a la que la sabiduría popular concede mucho mérito y augura gran suerte. Todavía no he perdido las esperanzas.
Sesenta minutos después de nacer yo, mi padre estaba dando una lectura del manuscrito en ciernes de La colmena en la librería Buchholz, lo que dice mucho de su sentido de la profesión, o de la paternidad, según se mire. Pero un par de días después sus tiernos instintos se desataron cuando, al engancharme un dedo en el mantón lleno de bordados y puntillas con el que se recuerda a los recién nacidos de mi familia lo duro que es el mundo, levanté la ceja derecha haciendo un gesto que es típico de mi padre. Ya fuese porque se confirmaba la paternidad, o por las emociones que siempre provocan tales episodios, es ése el primer detalle de mi carácter que se recordaba en casa.
El recién nacido recibió el nombre de Camilo José, cosa que dice poco de la capacidad inventiva de mi padre y bastante más acerca de su respeto por las tradiciones. Camilo José se llama mi padre; Camilo y Camila se llamaban mis abuelas paternos; Camila mi hija y Camilo un primo mío. La historia, ahora que caigo, acabaría por complicarse bastante si decido narrarla utilizando los nombres propios.

(De Cela, mi padre, Madrid, Temas de Hoy, 1989, capítulo 1º).


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LÓPEZ ANDRADA, Alejandro, “La isla de la memoria”, Cuadernos del sur, 775 (2003), p. 11.

SEVERA BAÑO, José, “El paraíso idílico y la postguerra”, El sábado. Faro de Vigo, 21 de junio de 2003, p. 3.


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