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PINILLA, Ramiro


 

PINILLA, Ramiro

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Ramiro Pinilla nació en Bilbao en 1923. Tras un brillante comienzo en el mundo literario ganando el Nadal en 1960 y el Nacional de la Crítica un año más tarde con la novela Las ciegas hormigas y quedando, en 1971, finalista del Planeta con Seno desencuentros con el mundo editorial le llevaron a exiliarse voluntariamente del circuito comercial y a crear Libropueblo, una pequeña editorial que tan sólo distribuía en Bilbao, para poder publicar sus trabajos. Sintomáticamente ha llamado a su casa en Getxo "Walden".
Ha trabajado como administrador en la fábrica de Gas de Bilbao. Hasta que le despidieron tras ganar el Nadal "por estar en dos editoriales a la vez " escribía textos para cromos infantiles en la editorial Fer. También hacía biografías por encargo "para las que me daban tres meses; sin embargo, yo las acababa en uno porque ¡necesitaba tanto el dinero! Las hacía de cualquier forma, sin ninguna investigación, cogía dos o tres libros previos al personaje y los fusilaba."
Recientemente ha vuelto al mercado editorial con Verdes valles, colinas rojas, una trilogía a la que ha dedicado más de veinte años de trabajo.

 


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-NARRATIVA:

Las ciegas hormigas (1960).
El héroe del Tonkin (1961).
En el tiempo de los tallos verdes (1969).
Seno (1972).
Guía secreta de Bizkaia (1975).
Recuerda, Oh, Recuerda (1975)
El salto (1975).
Antonio B., el Rojo, ciudadano de tercera (1977).
Primeras historias de la guerra interminable (1977).
La gran guerra de doña Toda (1978).
Andanzas de Txiki Baskardo (1979).
Pequeña crónica de una huelga de hambre (1980).
Verdes valles, colinas rojas (1986).
Quince años (1990).
Huesos (1997).
La estación de Getxo (1998).
Verdes valles, colinas rojas : la tierra convulsa (2004).
Verdes valles, colinas rojas : los cuerpos desnudos (2005).
Verdes valles, colinas rojas : las cenizas del hierro (2005).
La higuera (2006).
Antonio B. el ruso (2007).

Sólo un muerto más (2009).

Los cuentos (2011).

Aquella edad inolvidable (2012).

El cementerio vacío (2013).

-BIOGRAFÍA:

Pasteur ; Isabel de Inglaterra ; César Borgia (1978)
Martin Luther King ; Madame Curie ; Garibaldi (1978).
Churchill ; Carlomagno ; Einstein ; Goya (1978).

 


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1960: Premio Nadal por Las ciegas hormigas.
1961: Premio Nacional de la Crítica por Las ciegas hormigas.
1972: Finalista del Premio Planeta con Seno.
2005: Premio Euskadi de Novela por La tierra convulsa, primera parte de la trilogía Verdes valles, colinas rojas.
2005: Premio de la Crítica.
2006: Premio Nacional de Narrativa por Las cenizas del hierro, tomo que cierra Verdes valles, colinas rojas.

2012: Premio Lan Onari a su trayectoria literaria.

 


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Es que yo soy un alumno de Faulkner. En los años 50 descubrí a Faulkner y conocí la literatura norteamericana, en un tiempo en que España era un sitio inhóspito culturalmente hablando. Sin embargo, en Bilbao acababan de abrir una biblioteca americana y yo tuve la suerte de conocer todos esos libros. Entre sus autores, quien más me impresionó fue Faulkner, porque me fascinó, sobre todo, la apariencia que tenía como de que no quería contar nada. Y es que me resulta antipático que el lector descubra que el autor le está queriendo meter en sus sesos algo, y Faulkner, con su lenguaje distante, a veces prolífico y a veces tortuoso, daba la impresión de que no le importaba que le entendieran los otros, que estaba escribiendo para él solo. A mí me cuesta que una novela acabe en sí misma: punto y final. Y eso de acabar una novela y empezar con otra totalmente distinta no me parece serio. A los escritores se les exige dispersión, es decir, que escriban hoy sobre un tema, mañana sobre otro, sobre una época determinada, luego sobre otra, y eso yo enseguida lo rechacé porque prefería que mis obras fueran hacia algo. Me gusta que mis personajes vayan hacia algo, vivan la misma historia de un pueblo, que tengan un sentido cerrado. Siempre soñé con hacer algo parecido a Faulkner porque encajaba con mi manera de ser y de cómo concebía yo la narración.

- Usted describe su lenguaje como "invisible". ¿Qué quiere decir?

Que llega al lector sin estorbos. Que no tiene descripciones, si describo algo es porque es imprescindible. Por ejemplo, es de noche. Y ahí queda; todo el mundo sabe lo que es la noche, un amanecer, el despacho de un abogado, de un médico; ¿para qué describir esas cosas? Son lastres. El lenguaje invisible significa la eliminación de lo superfluo, que va directamente al grano. Cuando me sale una frase bonita, la tacho y empiezo de nuevo. Sólo quiero frases sustanciosas que digan 2 ó 3 cosas a la vez. A mí me gusta respetar al lector y no me gusta vanagloriarme y decir: "mira, yo escribo bien y te lo voy a demostrar".
http://www.dosdoce.com/continguts/entrevistas/vistaSola_cas.php?ID=28

Para mí hay dos claves fundamentales: la ausencia de dispersión, es decir, que no se pierda el hilo central del argumento, y que la acumulación de ideas sea siempre referida a dicho hilo central. Estas son las claves de lo que yo llamo lenguaje invisible, una voz que recoge la acción de los personajes en movimiento como si fuera el objetivo de una cámara de cine, con la inmediatez que esto conlleva. Pero, claro, nosotros vemos lo que ocurre en la película, no el guión original, no el texto. Y esto es lo que yo persigo con mi lenguaje, que no estorbe, que quede oculto, que de tan transparente no se vea. Sin embargo, no es una fórmula a la que me haya encadenado, tiene diversos niveles. En fin, básicamente funciono por instinto. Creo que escribir es tener instinto narrador y buen gusto, es decir, a veces una palabra de más puede estropear un párrafo. El ritmo musical ha de equilibrar todo esto.
http://www.bilbao.net/castella/residentes/vivebilbao/publicaciones/periodicobilbao/junio_2004/pergola02.pdf

 

 


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Josafat Baskardo
3 de junio de 1889

Ama dice:

?No, nada de cestas de comida. ¡Nuestra tierra es pródiga!

El coche nos espera al otro lado de la puerta del jardín. Un caballo es castaño y el otro negro. El cochero parece una estatua sin ojos ni oídos. Martxel lleva las redañas y la caña de pescar, y yo el gancho y la bolsa de lona.

?¡Vamos, aprisa, que hemos de dar una gran vuelta antes de llegar a la playa! ¡El día es tan hermoso que parece el primero de la Creación! ¿Estás contento, Jaso? Dios no podía regalarte un día mejor para tu cumpleaños. ¿Cuántos años cumples hoy, Jaso? ?dice Ama.

?Siete ?digo.

Ama me abraza y me besa. El calor de su cuerpo pasa al mío. Sus lágrimas caen sobre mi frente.

?¡Mi viejo Jaso! ¡Siempre te tendré bien abrazado..., así, así..., para impedirte crecer! ¡Quiero mandar en la vida de mis propios hijos!... ¡Oh, Dios mío, el sol ya está muy alto! ?dice Ama.

Se adelantan la Chica y el jardinero, pero somos mi hermano Martxel y yo quienes ayudamos a Ama a subir al coche. Luego, Martxel coge a la pequeña Fabi y la pone en brazos de Ama. Luego, Martxel y yo subimos y nos sentamos en el asiento de enfrente. Ama quita con un pañuelo blanco los mocos a Fabi.

?Ya estamos ?dice Ama al cochero.

El coche se pone en marcha: está lleno de ese olor tan fuerte a día de pesca que sueltan las sardinas atadas a la cuerda gorda que atraviesa como un diámetro cada redaña. El grupo de criados nos mira en silencio desde el jardín. Ama les ha puesto, a ellos y a ellas, uniformes nuevos para este día. La Chica es la que sostiene en sus manos la cesta con la comida que Ama se ha negado a llevar. Hasta ahora no me había dado cuenta de lo mucho que ha engordado la Chica. Nuestra casa se hace cada vez más pequeña. Las ruedas saltan sobre el barro seco y las piedras del camino, y Ama, Martxel, Fabi y yo también saltamos sobre nuestros asientos.

?¿Por qué no me dejas llevar los caballos, Ama? ?digo.

?Porque eres demasiado viejo ?dice Ama.

Martxel se ríe.

?Yo sí que los podría llevar ?dice.

?No sé por qué crees que puedes hacer algo que no pueda hacer tu hermano ?dice Ama

?Porque soy mayor que él ?dice Martxel.

?Sí, los dos sois ya unos viejecitos arrugados ?dice Ama, temblándole la boca.

?Yo no puedo llevar los caballos. Estoy seguro de que no puedo llevar los caballos ?digo.

?¡Ah, mi niñito pequeño! ?dice Ama, inclinándose sobre mí y acariciándome la cara con sus manos calientes como buñuelos?. Y tú, Martxel, ¿verdad que tampoco puedes llevar los caballos?

Miro a Martxel.

?No, Ama, no puedo llevar los caballos ?dice Martxel.

Ama también le acaricia a él y no puede contener sus lágrimas.

?Sois mis niños para toda la vida ?dice. Abraza a Fabi hasta casi ahogarla?. Estoy a tiempo de impedir que mi niña crezca. ¡Ya no celebraremos más cumpleaños en la familia!

?Todos los años dices lo mismo ?dice Martxel.

?¡Porque todos los años pienso lo mismo! ?dice Ama.

?¿Vendrá Aita a la merienda de la tarde? ?dice Martxel.

?Me lo ha prometido. ¡Si la celebración del cumpleaños de su hijo no es suficiente motivo para que abandone por un rato sus malditos despachos...! ?dice Ama.

?Aita es más viejo que Jaso ?dice Fabi.

Ama nos mira a los tres, uno a uno, y yo la miro a ella, y de pronto me encuentro temblando.

?Yo nunca seré tan viejo como Aita ?digo.

?Os aseguro que en nuestra familia nunca más se celebrarán los cumpleaños. ¿Verdad, hijos míos, que entre los cuatro conseguiremos detener el tiempo? Cochero, rebaje usted la velocidad, que no se note que viajamos. Desde hoy, viviremos de espaldas al tiempo. Niños míos: cerrad los ojos para no ver la huida del paisaje ?dice Ama.

(De Verdes valles, colinas rojas : la tierra convulsa, Barcelona, Tusquets, 2004. Tomado de http://www.tusquets-editores.es/lib_ficha.cfm?Id=1758 )

 


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ARAMBURU, Fernando, "Relectura de Las ciegas hormigas, de Ramiro Pinilla" en Mundaiz, nº 49, 1995, pp. 59-70.

BENGOA LAPATZA, M., "Entrevista con Ramiro Pinilla" en Quimera: Revista de literatura, nº 266, 2006, pp. 51-57.

BETI SAEZ, Iñaki: La narrativa de Ramiro Pinilla: (aproximación semiológica), Universidad de Deusto, 1990.

BETI SAEZ, Iñaki: "Las ciegas hormigas de Ramiro Pinilla: un canto a la libertad y al esfuerzo personal" en Eguzkilore: Cuaderno del Instituto Vasco de Criminología, nº. 4, 1991, pp. 33-43.

BETI SAEZ, Iñaki, "La última novela de Ramiro Pinilla" en Mundaiz, nº 33, 1987, pp. 109-114.

PÉREZ, Roberto, "Ramiro Pinilla, un novelista al margen" en Salina: revista de lletres, nº. 6, 1991, pp. 63-64.

RUIZ-OCAÑA, Eduardo, "Dos novelas para recordar: Las ciegas hormigas de Ramiro Pinilla, y El santo y el demonio, de Víctor Chamorro" en Didáctica (Lengua y literatura), nº 18, 2006, pp. 249-269.

 


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