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IBÁÑEZ, Miguel


 

IBÁÑEZ, Miguel

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Miguel Ibáñez nació en Puente Viesgo (Cantabria) en 1960. Estudió Filología Hispánica en la UNED y trabaja como profesor de Lengua y Literatura en el IES Valle de Piélagos (Renedo de Piélagos). Ha vivido en Barcelona, Madrid y Valladolid, antes de volver a Santander, ciudad en la que reside ahora. Está casado con Leticia Bustamante, profesora y autora de libros de texto, y tiene una hija llamada también Leticia.
Obtuvo el Premio de Poesía José Hierro, convocado por el Ayuntamiento de Santander, en 1993, con Doce canciones para pasar el tiempo. Ha sido finalista en varios concursos de poesía y narrativa, entre ellos el XXX Concurso Hucha de Oro (2002), el Premio Jaén de Novela Juvenil (2003), el XII Premio Internacional de Relato Hiperbreve del Círculo Cultural Faroni (2005) y el I Concurso de Microrrelatos Los Molinos de Utrera (2006).
Ha publicado poesía y relatos en diversas antologías, entre ellas Mar de fondo (antología de poesía última en Cantabria), (La sirena del Pisueña, Santander, 1996), Poesía española del medio siglo (La isla de los ratones. Caja Cantabria, Santander, 1999), Norte y sur de la poesía española contemporánea: Santander-Málaga. Encuentro sobre teoría y escritura de la poesía actual, (Caja Cantabria y Fundación Gerardo Diego, Santander, 2000), y Voces poéticas de Cantabria (1977-2002) (Editorial Devenir, Madrid, 2003).
En el año 2004 publicó el libro de poesía Historias de dos ciudades(Editorial Devenir, Madrid, 2004). Su segundo libro de poesía fue Paisaje fluvial, (Son de sirena, Santander, 2005), y en 2006 publicó la colección de microrrelatos El lobo veloz (La sirena del Pisueña, Santa María de Cayón).

 

 


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POESÍA

2004: Historias de dos ciudades.

2005: Paisaje fluvial.

1994: Doce canciones para pasar el tiempo.

2012: Fábulas y parábolas .

 

NARRATIVA

2006: El lobo veloz.

 

 

 


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1993: Premio de poesía José Hierro.

 

 

 


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«Creo en la realidad por encima de todas las cosas. La literatura se ha entregado a toda clase de espejismos, y el resultado es que los seres humanos han dejado de existir en las obras literarias: se han convertido en fantasmas.

«Creo con fe de carbonero en una literatura que volverá a dar cuenta del mundo tal como es, y no tal como lo percibe el escritor desde su ideología.
Creo en una literatura que rescatará las palabras, las historias y los sentimientos de la tribu, y por eso se atreverá a desafiar al tiempo y a la muerte».

 


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Caperucita y el lobo, después de tantos años

      – Devórame, dijo Caperucita.

      – No tengo hambre, replicó el lobo.
      – Me vestiré de oveja y balaré para ti.
      – Ya hemos hecho eso otras veces.
      – Te haré el numerito del cervatillo perdido en el bosque.
      – Psche...
      – ¿Qué nos pasa?
      – ...
      – ¿Se puede saber qué nos pasa?
      – ...
      – ¿...?
      (Zoom. Detalle. Una lágrima)

(De El lobo veloz, La sirena del Pisueña, 2006, p. 28).

 

 

Continuidad de los pájaros

     Un hombre encontró un pájaro muerto en su balcón.

     Lo recogió en una pala con cuidado de no tocarlo y lo metió en una bolsa de basura. Después lo tiró al contenedor.

     Después volvió a su casa y se sentó junto al teléfono a esperar la llamada de una mujer. No estaba seguro de si ella iba a llamar o no, pero deseaba que ella llamara, de eso sí estaba seguro.

     No hubo ninguna llamada.

     Cuando llegó la noche, el hombre seguía sentado junto al teléfono. Se repetía a sí mismo: qué más da, qué más da, la vida sigue, la vida sigue.

     Y era como si un pájaro muerto se empeñara en seguir piando.

(De El lobo veloz, La sirena del Pisueña, 2006, p. 11).

 

 

Lo esencial

     A las doce se enamoró de una mujer que pasaba por delante de la terraza donde él estaba sentado. Antes de las doce y cinco la mujer había desaparecido de su vista para siempre.

     Todo el tiempo anterior y posterior a esos cinco minutos no es más que prólogo, epílogo, esa parte de su vida que no piensa leerse.

(De El lobo veloz, La sirena del Pisueña, 2006, p. 35).

 

 


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