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GORRÍA, Ana


 

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Ana Gorría es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, ciudad en la que reside. Ha publicado Clepsidra (Accésit del I Certamen María Isidra Quintina de Guzmán) y Araña, actualmente prepara un tercer poemario. Forma parte del consejo editorial de Silencios, revista de Creación y Pensamiento Literario. Su poesía ha sido recogida en diversas antologías: Todo es poesía menos la poesía, Última poesía española (1990-2005) Edición y selección de Rafael Morales, Que la fuerza te acompañe: proyecto de trilogía poética, Hilanderas y Los jueves poéticos en la Casa del Libro: recitales de jóvenes poetas.
Su escritura confirma que tan sólo el poeta dialoga con su silencio y su dolor a través de volteos con el eje lírico- como en lo más granado de nuestra tradición, a la que se adscribe con derecho propio- los otros, versistas, simplemente soliloquian.

 


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-POESÍA:

Clepsidra (2004).
Araña (2005).

De lo real y su contrario (2007)

El presente desnudo (2011)

-OTROS:

Libros colectivos o antologías:

Todo es poesía menos la poesía: 22 poetas desde Madrid (2004).
Última poesía española (1990-2005) (2005).
Que la fuerza te acompañe: proyecto de trilogía poética (2005).
Hilanderas (2006).
Los jueves poéticos en la Casa del Libro: recitales de jóvenes poetas (2007).

Poesía en mutación (2010)

 


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2004: Accésit del premio María Isidra de Guzmán.

 


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EL PAISAJE ENTRÓPICO
                                                                           Tú y yo compartimos un mismo espacio
                                                                                                         San Agustín

Frente a otros personajes que encarnan distintas formas de ensimismamiento a través de figuras como Narciso, es digno de apreciar que la araña y su trasunto humano, la tejedora, suponen un adecuado equilibrio entre dos términos de difícil coalición: reflexividad y transitividad.

Actitud inmanente y trascendencia

Esa relación, la equiparación que se establece entre creador y tejedora tomando como punto de convergencia la figura de la araña no es una relación fortuita. Mucho se ha abundado en esa ecuación que ya desde el Crátilo es señalada en el instante en que se dice que la palabra es comparable a una tejedora en el oficio de tejer ya que permite, al mismo tiempo, separar la trama y trenzar los hilos del discurso. No es ajena esa actitud ante la realidad al pensamiento de algunos autores contemporáneos como Deleuze y Guattari, pensadores para los que las tres ramas axiales del pensamiento -el arte, la ciencia y la filosofía-, son, en esencia, modos de establecer planos sobre el caos, a través de la producción de los conceptos, así como la araña crea su tela a partir de sí misma en el vacío, manteniéndose los dos, ser humano y animal, en un equilibrio que puede llevar a conducir a esa cosa del texto, cosa que en palabras de Paul Ricoeur resultamos ser nosotros mismos.

En el siglo XX, muy diversos autores han vuelto a apropiarse de ese sentido de construcción, tan presente en la cosmovisión barroca, mise en abysme, cuyo germen reside en la idea de la araña, del gusano de seda para la retórica clásica, promotora de transrrealidad, responsable de una arquitectura de sentido capaz de hacer, superadas las controversias entre denotación y connotación, de enfrentarse a la nada para llevar a cabo un acto de realización inevitablemente transitivo. En esta línea afirmaba José Lezama Lima que la araña es el símbolo que mejor se asimila a la figura de áquel que trabaja con las palabras, dado que es el único animal que construye a partir de sí mismo. Límite entre lo orgánico y lo otro, la araña y la hilandera, no lleva a cabo un producto ajeno en su obra, se lleva a cabo en la actividad realizada, metáfora, de algún modo, de sí misma.

(En Última poesía española, 2006).

 


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II

En el reino del agua no hay fronteras, ni vísperas, ni tardes ni barreras que extenúen el cauce de las manos.
En el reino del agua hay sólo un horizonte que se empuja a sí mismo, con la tensión perpetua y estelar de un rostro en las pupilas.

(De Clepsidra, Córdoba, Plurabelle, 2004).

SOLSTICIO

Canción de cuna inmóvil sobre los matorrales.
La luz
descansa
entonces,
Rendida,
de incendiarse.

LAMENTACIÓN EN LA CIUDAD DE AIRE

Trenzados los espejos, tienen
el canto roto
de un cielo desahuciado.
La luz no se conforma
con una muerte a medias.
Soñar es ser un héroe abandonado,
la soledad del viento.
Trenzados los espejos,
reconocerse en nada:
ser de arena.

EL MIEDO ES VERTICAL

La habitación emerge con la inercia
del alba acostumbrada a sus retornos.
Agostada su luz, tiembla en los ojos
la empresa derrotada y la ceguera.
El miedo, imán del frío,
precipita la vida y la contiene.

ESCOMBRADA

Es la cornisa rota y el mundo que se cae.
Igual que el sueño, vuelve
la tarde a ser carne apagada,
cáncer en las paredes de la luz.
Oscuridad que tiembla en un alambre.

(De Araña, Almería, El Gaviero, 2005).

[Ad astra]

No ha podido el cansancio contaminar los pasos y teñirlos
de dura luz polar.
Para vencer el vértigo
un corazón de nieve. La inmensidad del cielo en transparencia.
Exacta canción: sombra por la que no rendirse a las estrellas.

(Inédito).

 


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MORALES, Barba (ed.), Última poesía española (1990-2005), Madrid, Mare Nostrum, 2005.

 


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Blog Colectivo Las afinidades electivas. (Las elecciones de nuestros compañeros de viaje. Un intento de interconexión virtual entre poetas españoles contemporáneos)
lasafinidadeselectivas.blogspot.com/2007/03/ana-gorra.html

Letralia. Tierra de letras
www.letralia.com/129/letras11.htm

Deriva Revista digital de literatura y cine
www.deriva.org/creacion/creacion.php?ID=29

 


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[Ficha elaborada por Francisco Estévez]